Que diferente fuera el mundo si todos practicáramos Kikubari

Leyendo recientemente algunos blogs sobre productividad laboral, me topé con una palabra que llamó mucho mi atención y es el término “Kikubari”. Como quiera que la cultura japonesa siempre ha sido atractiva para mí, me dediqué a investigar un poco sobre qué significa y el contexto en el cual se aplica.

Nunca he estado en Japón, pero mi esposo trabajó por muchos años con japoneses y pude relacionarme con algunos de ellos y son personas por las cuales siento gran admiración, entre otras cosas, porque tienen muy acentuado el concepto del respeto; sobre todo, hacia las personas mayores.

En la cultura japonesa, la jerarquía es sumamente importante en todos los aspectos. Esta determina tanto la forma de hablar como de actuar, bien sea en lo social como en lo profesional. Ello permite mantener la solidez, estabilidad y armonía de toda la sociedad.

Para ellos, la noción de comunidad está en primer lugar y, dentro de ella, el concepto “wa” (armonía), está muy arraigado y se refiere a la marcada intención de mantener la concordia y total paz en el grupo.

Es por eso que los japoneses siempre prefieren ceder, como vía para garantizar la tranquilidad social. En este sentido, evitan el antagonismo y las discrepancias y no expresan abiertamente desacuerdos, disconformidad o crítica. Es decir, anteponen los sentimientos e intereses del grupo sobre los propios.

Lo colectivo sobre lo individual

En nuestra sociedad occidental estamos más acostumbrados a pensar y actuar de forma individual que colectiva, tendemos a ser autónomos en nuestra forma de pensar y actuar. He aquí la diferencia con la cultura japonesa.

Como ya les mencionaba, el término Kikubari llamó mi curiosidad, al toparme con él en un blog de temas básicamente profesionales. Pero en la investigación posterior que realicé pude darme cuenta que es un concepto muy afianzado en la cultura japonesa y aplicable en todos los aspectos de la vida.

El artículo en cuestión hablaba de una ejecutiva norteamericana en Japón, que le sonaban los zapatos al caminar por la oficina y molestaba a los compañeros de trabajo, por lo que, luego de un tiempo, se lo hicieron notar.

Por supuesto, la ejecutiva no entendía por qué no se lo habían dicho con anterioridad y los japoneses le explicaron que no tenían que hacerlo porque ella debía hacer Kikubari.

Interesante, ¿no?

El término, entonces, se refiere a la incuestionable exigencia de tener en cuenta a las personas que te rodean, a la imperiosa necesidad de entender que eres parte de un grupo y que éste está por encima de tus intereses o motivaciones personales.

Es tener la sutileza de estar atentos a la sensibilidad de la gente que nos rodea sin que sea menester manifestarla, comprender sus emociones, deseos o incomodidades sin tener que expresarlos; es decir, adelantarse a las necesidades de esas personas.

La noción de Kikubari, apunta a que todos son parte de una comunidad, la cual puede ser la familia, compañeros de trabajo, vecinos o personas cuyas necesidades y sentimientos están obligados a anticipar, para mantener la armonía.

¿Qué significa Kikubari?

Kikubari 気配りproviene de dos palabras japonesas: kubaru (extender, propagar, conceder a los demás), ki (atención, fuerza vital, espíritu, esencia, corazón); en líneas generales podría decirse que es “servir a los demás desde nuestra esencia”.

Sin embargo, en nuestro idioma podría tener muchas otras interpretaciones, tales como: adelantarse una persona a otra en la realización de una acción; estar centrado en los demás; centrarse en los que te rodea y no en ti mismo; pensar en los demás; ponerse en el lugar del otro; ser desinteresado; ser solidario; no ser egoísta.

Haciendo Kikubari se precisan en lo profundo las prioridades de las personas, entendiendo sus deseos antes de que los mismos los exterioricen y, tomando en cuenta ese conocimiento, las personas son capaces de comportarse y proceder de tal manera, que no sólo rehúyen molestar a los demás, sino que los complacen y agradan de forma activa.

Para los japoneses no es ningún esfuerzo hacer Kikubari. Lo practican de forma natural e instintiva y, quien no lo hace, es considerado carente de habilidades para la socialización.

Los occidentales, por el contrario, estamos a la espera que la gente nos cuente lo que piensa, siente y desea. Al punto de que, si no lo hacen, no nos damos por enterados (bueno, los que no son indiscretos).

Estamos acostumbrados a escuchar en las viviendas, oficinas y lugares públicos, cómo la gente, a viva voz y sin ningún pudor, manifiesta sus enojos, inquietudes o necesidades, sin que se les pregunten y sin importar quien los escuche. Nuestra forma de ser es, en la mayoría de los casos, decirle siempre a los demás lo que pensamos.

Practiquemos el altruismo

Quizás algunas de las traducciones del Kikubari, indirectamente, nos remitan al altruismo y, hasta cierto punto, no están muy alejados los conceptos.

Si nos vamos a lo que nos refieren los diccionarios, podríamos definirlo, según la Real Academia Española, como “la diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio”. Es decir, el término altruismo alude a la conducta humana y es definido como la preocupación o atención desinteresada por el otro o los otros; al contrario del egoísmo.

Según nuestro amigo Wikipedia, se puede entender como “el comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias” y agrega, “es servir constructivamente a los otros, para vivir una experiencia de empatía y el sacrificio personal en beneficio de otros”.

Según la psicología motivacional, se entiende, como el apoyo que prestamos a otras personas de manera voluntaria e intencional, sin pedir nada a cambio. Esta conducta está motivada por las reacciones emocionales de empatía y simpatía que generan en nosotros esas personas.

Sabemos que, en muchas sociedades, el altruismo es una norma de responsabilidad social y en los últimos tiempos, con mayor firmeza. Y, como ya vimos, las culturas colectivistas, como la de Japón, apoyan esta norma con mayor énfasis, es decir, ayudar es una norma moral (y, léase, no es necesario que sea una ley para hacerlo).

Por el contrario, en las culturas individualistas se le da mayor importancia a la persona y al placer individual y tendemos a olvidar las conductas de ayuda, por lo que las normas de responsabilidad social son poco relevantes o casi no son tomadas en cuenta.

En este sentido, la psicología social sostiene que las personas altruistas suelen tener mejor estado de ánimo, son más sociables y evalúan de manera positiva lo que les rodea, por lo cual son más dadas a ofrecer ayuda.

Un artículo publicado en la revista Nature, Human behaviour: A cooperative instinct  hace referencia a una investigación desarrollada por el psicólogo y premio Nobel de Economía 2002, Daniel Kahneman, sobre si la disposición a colaborar en los humanos es instintiva o si, por el contrario, solo aparece tras un ejercicio de autocontrol.

En la misma, los investigadores apuntan a que las personas desarrollan la intuición a partir de las experiencias diarias, en las que abundan estímulos que nos inducen a cooperar, pero que esa conducta colaborativa podría deberse, más bien, a mecanismos de transmisión cultural.

De acuerdo a ese estudio podríamos concluir, que la sociabilidad entre seres humanos nos ayuda a desarrollar esa conducta colaborativa, con más seguridad, que en las sociedades individualistas.

Conciencia ciudadana

Tal vez otro concepto que, en la cultura occidental, pueda semejarse a Kikubari, es el de Conciencia Ciudadana, el cual no es otra cosa que un razonamiento sobre qué somos, queremos y necesitamos como sociedad, en pro del desarrollo y bienestar colectivo.

El concepto nos refiere a que todas las sociedades deberían incentivar la participación de las personas en la solución pacífica y coordinada de los problemas que afectan a los ciudadanos y optimizar las condiciones del entorno que habitan.

A partir de esa concepción es que se hace presente la noción sobre cultura ciudadana, que no es más que aspirar al desarrollo de la conciencia individual y colectiva, porque no basta con ser habitantes, sino que debemos ser ciudadanos comprometidos y solidarios.

Para practicar Kikubari debemos ser desinteresados

Ser desinteresado engloba, también, el significado de Kikubari, porque nos remite a que hay que poner las necesidades de la comunidad por encima, en lugar de siempre actuar bajo el interés propio.

Ser desinteresado empieza por tener la lucidez de ver más allá de nuestras preocupaciones personales y sentir empatía con los demás, incluso por aquellos que no conocemos.

Implica, asimismo, valorar el tiempo de los otros, tal vez, en mayor medida que el nuestro. En ocasiones pensamos que sólo nuestro tiempo es importante y que las personas deben amoldarse a nuestro ritmo, gustos y situaciones y descargamos nuestras molestias, preocupaciones o apuros sin la menor consideración.

Si tus propias dificultades y tu caos personal te ocupan íntegramente, no habrá fórmula valedera que te permita actuar de manera desinteresada. Tener consciencia de lo que ocurre a tu alrededor y entender verdaderamente a los demás es el primer paso para ser desprendido.

Asimismo, ser desinteresado, implica también escuchar con verdadera disposición cuando otras personas hablan.

Es cierto que el principio del Kikubari es adelantarse a lo que las personas piensen y sienten, pero cuando estamos delante de un interlocutor, el escuchar atentamente sin interrumpir es otro fundamento de la filosofía japonesa que deja ver el respeto hacia los demás.

En Oriente, se valora mucho el silencio porque consideran que quien habla muy bien te puede engañar, mientras que la persona que habla poco es transparente y sincera. En cambio, en nuestra cultura occidental, el silencio es incómodo y hasta suspicaz. Valoramos en mayor medida la argumentación como herramienta.

Acostumbrémonos a hacer Kikubari

Es lamentable que las sociedades modernas sean poco dadas a promover el interés colectivo sobre el individual, nos hacen centrarnos más en nosotros mismos y en las rivalidades personales y profesionales.

El ritmo de vida y las preocupaciones diarias nos ofrecen escasas oportunidades para ayudar a los demás y para el intercambio social y de verdadera y desinteresada colaboración.

Sin embargo, no debemos olvidar que, ante todo, somos seres sociales, y que lo más importante y que, verdaderamente, nos enriquece y dignifica, es el contacto y la solidaridad con los que nos rodean física y emocionalmente.

Como dijo alguna vez Juan Pablo II, “la solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno, para que todos seamos realmente responsables de todos.

Así que, a partir de hoy, en la medida de lo posible, tratemos de hacer más Kikubari. Creo que, de lograrlo, el mundo cambiaría notablemente.

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