Los libros: ¿entre lo sensorial y lo utilitario?

     La experiencia de tener un libro en la mano no la cambio por una tablet. Esa ha sido la respuesta que muchos amigos y familiares me han manifestado, producto de una pequeña encuesta que hice para abordar el presente escrito.

     Y es que, un artículo de @MoisesNaim, de su libro “Repensando el Mundo”, donde planteaba que los libros electrónicos se habían vendido más que los impresos, me alimentó la intriga por saber si, en realidad, la tecnología estaba suplantando el placer sensorial de un libro. 

   El artículo “Se venden más libros electrónicos que en papel” (2010), menciona que Amazon.com, la mayor librería del mundo, anunciaba que ese año, en los últimos tres meses, se habían vendido más libros electrónicos que impresos, por lo que Naim pronosticaba que en el futuro, para los niños, será normal utilizar los libros electrónicos y poco común los de papel.

     Como ese es un debate que se viene planteando desde hace tiempo, mi curiosidad periodística me indujo a investigar más sobre el tema y me di a la tarea de preguntarles a algunos amigos y familiares qué formato preferían, si papel o digital y por qué.

     La encuesta se la realicé a alrededor de 60 personas, entre los que estaban incluidos jóvenes, personas de edad media y tercera edad y, para sorpresa mía, sólo dos fueron categóricos en decir que preferían los libros electrónicos, sin ningún tipo de culpa.

     Aunque, por supuesto, no es una muestra representativa para una investigación científica, mi idea era tener una apreciación de si, como decía Naim, eso seguía teniendo vigencia y, como podrán imaginar, la encuesta me cambió la percepción del tema.

Cifras controvertidas

     En los últimos años se ha hablado mucho de que los e-books sustituirán a los de papel.  De hecho, Nicholas Negroponte, fundador del MIT Media Lab, el laboratorio de diseño y nuevos medios del MIT, en una predicción bastante audaz, dijo que para el 2016 ya el libro impreso habría desaparecido, debido al auge que tuvieron las ventas de los mismos entre los años 2010 y 2011.

     Si bien es cierto que las nuevas tecnologías de información y comunicación han cambiado sustancialmente nuestra forma de vida y que los formatos digitales se han ido imponiendo a los convencionales en muchas áreas, es una polémica que irá para largo, ya que lo impreso aún no sucumbe ante lo tecnológico.

     Según el artículo de BBC Mundo ¿Mató la teconología al libro o le dio nueva vida?, en el Reino Unido, hubo un gasto aproximado de US$2.650 millones en libros impresos el año 2014, en comparación con US$613 millones en libros electrónicos, señala Scott Morton, de Nielsen Book Research.Por

     En otro artículo publicado por LaVanguardia.com La resistencia del libro en papel, se habla de que la venta de libros digitales está creciendo lentamente en el mercado estadounidense. En el primer semestre del 2015 la cifra había  alcanzado el 23%, pero bajó en el último cuatrimestre hasta el 21%, según informe de Nielsen Books & Consumers, publicado por la revista Publisher Weekly. Mientras que el libro impreso de tapa blanda subió del 42% al 43% en el mismo período y la tapa dura llegó al 25%.

   El mismo artículo refiere que en España, el 80,1% de lectores de entre 18 y 24 años prefiere el libro en papel. En Gran Bretaña, el 73% de los británicos de entre 16 y 24 años lee en papel y en EE.UU, sólo el 20% de adolescentes de entre 13 y 17 años compra libros digitales.

     Asimismo, según una publicación del New York Times, del año 2015, The Plot Twist: E-Book Sales Slip, and Print Is Far From Dead las ventas de libros electrónicos cayeron un 10% en los primeros cinco meses de ese año, según cifras de la Asociación de Autores de Estados Unidos y completa el diario que las señales muestran que muchos lectores de libros electrónicos están regresando a los libros impresos o se están convirtiendo en ‘lectores ‘híbridos’, que mezclan ambos formatos.

¿Tendrán razón Negroponte y Naim?

     Hay muchas personas que opinan igual que el director del fundador del MIT Media Lab, que la tecnología irá paulatinamente absorbiendo de tal manera nuestras vidas, que muchas de las tareas serán realizadas por robots. Ya lo estamos viendo en muchas áreas, incluso en la medicina.

     Somos testigos, sin lugar a dudas, de la evolución que ha habido en este sentido. De hecho, sin ser “nativos digitales”, como llaman a la generación que nació bajo el paraguas de la tecnología, muchos de nosotros hemos emigrado de los medios de comunicación impresos a los digitales.

     Las razones son múltiples y dependen de cada persona, país y circunstancia, pero “sin querer queriendo”, hemos sustituido el papel por la pantalla.

     Incluso, aún bajo signos de rebeldía (todavía recuerdo lo mucho que peleó mi esposo conmigo para que aprendiera a usarlas), nos acostumbramos a utilizar las herramientas tecnológicas en nuestras diferentes actividades diarias, tales como escribir o tomar notas en una computadora o teléfonos inteligentes en vez de utilizar papel y lápiz, por hablar de lo más sencillo.

¿Bits o tinta?

     En mi investigación para abordar el tema, conseguí información interesante, muy valiosa y controversial, donde los criterios variaban desde la necesaria permanencia del libro impreso hasta la indiscutible metamorfosis de ambos formatos, pasando por lo humorístico y lo reflexivo.

     Entre otros artículos, es llamativo el comunicado emitido por la Unesco con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, en abril del 2012, en el cual, Irina Bokova, directora general del organismo, hacía un llamado de atención sobre el tema:

   《”El libro no es inmune a un mundo cambiante, caracterizado por la llegada de los formatos digitales y la transición hacia las licencias abiertas para el intercambio de conocimientos. Esto supone mayor incertidumbre, pero también nuevas oportunidades, en particular para los modelos empresariales innovadores en el mundo editorial. Este cambio está planteando profundos interrogantes sobre la definición del libro y el significado de la autoría en la era digital》

     Y, por otro lado, Alan Lazalde, en su artículo Libros físicos, ¿aún vale la pena tenerlos? nos hace analizar de forma simbólica y en tono divertido, sobre la trascendencia de ambos formatos:

  《El libro impreso en papel es un dispositivo de almacenamiento de sólo lectura. Podríamos decir que esta creación de Gutenberg es la versión 1.0, estable, de algo en lenta evolución, a medio camino entre los muros en la cuevas, las tablas de arcilla y el más reciente Kindle Touch. El libro es el recipiente de objetos que llamamos “novela”, “cuento”, “ensayo” o “poesía”. El libro es memoria y nosotros su CPU

     Es decir, para ambos, está en trance una interesante e importante transformación del libro impreso, a fin de adaptarlo a los nuevos intereses y gustos de los lectores. Pero también del digital, para lograr una importante identificación de lo tradicional con lo moderno. Pienso que ese es el reto.

¿Romanticismo o practicidad?

     Como les mencionaba al inicio, a muchos de mis encuestados les gusta más leer en una presentación impresa que una digital. Lo cual, dada la época actual, es una novedad, sobre todo en las generaciones más jóvenes.

     Sin embargo, también, la mayoría confiesa utilizar ambos formatos, dependiendo del tipo de lectura, de la necesidad, o de las condiciones físico–ambientales en las que se encuentren en el momento.

     No voy a extenderme en las ventajas y desventajas de uno sobre otro porque ya muchos las conocen y dependen del gusto de cada quien, no obstante, si deseo mencionar algunas de las razones que me dieron esas personas para justificar sus gustos.

     Los que prefieren el formato digital, consideran que es mucho más cómodo cargar una tablet o un e-reader por el tamaño y (en algunos casos) la dimensión y peso del libro que están leyendo.

     Segundo, la falta de espacio en las viviendas modernas hace necesario suprimir las bibliotecas, mientras que con los dispositivos electrónicos se puede almacenar una gran cantidad de libros y documentos de consulta.

     Tercero, la tecnología permite una amplia diversidad de aplicaciones y elementos para hacer más atractivos, de mejor visualización y de accesibilidad inmediata a otros recursos (hipertextos, fotos, videos, etc.).

     En el lado opuesto, los incondicionales de los libros físicos, plantean que estos les permiten, primeramente, escribir al margen de las hojas, tomar notas y resaltar párrafos interesantes.

     Segundo, retomar la lectura cuando lo deseen, sin tener que prender el dispositivo, esperar que se cargue el documento y/o conectarlo a la corriente.

     El factor salud es un inconveniente al que se refieren, ya que el brillo de la pantalla les molesta y, a la larga, les ocasiona problemas visuales.

     Pero, lo más interesante, es el aspecto emocional y sensorial con el cual se identifican, “la experiencia de oler y sentir sus hojas en las manos, es una sensación que no la trasmite ningún dispositivo electrónico”.

     En conclusión, creo que al libro impreso aún le queda mucho tiempo de vida. Al menos, así será mientras existan románticos y sensibles como yo.

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