¿Para qué emponderar a las mujeres?

     Esta semana tuve la oportunidad de asistir a la conferencia “El papel de las mujeres para el logro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible”, dictada por la Directora del Programa de Género para América Latina y el Caribe, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Eugenia Piza López.
     La conferencista, quien ofreció una interesante información sobre el papel que debemos jugar las mujeres para el desarrollo de los países, hizo mención al desbalance que aún existe entre hombres y mujeres, como elementos importantes para contribuir con ese crecimiento, a nivel mundial.
     Llamó poderosamente mi atención las cifras relativas a este problema, presentadas por ella, por lo cual me dediqué a investigar un poco más al respecto y quiero referirles a ustedes algunas consideraciones de mi parte.
En realidad, este tema no es novedoso, ya que siempre se ha hablado de la falta de inclusión de las mujeres en puestos de trabajo que, tradicionalmente (o por costumbre), los han ejercido hombres.
Los estereotipos que siempre han habido, inculcados muchas veces por la crianza materna, han establecido “trabajos para hombres” y “trabajos para mujeres”; e, inclusive, muchas culturas determinan que las mujeres están solo para hacer oficios del hogar.
Es posible que muchos opinen que esa brecha se ha reducido bastante en los últimos años y podría ser cierto. Sin embargo, los datos que maneja la ONU, todavía muestran considerables diferencias entre ambos géneros en muchos aspectos, pero el más notable es el del empleo.
Según ONU Mujeres: “En 2013, la relación entre hombres con empleo y población se ubicó en un 72,2 por ciento, mientras que esa relación entre las mujeres fue del 47,1 por ciento… En todo el mundo, las mujeres ganan menos que los hombres. En la mayoría de los países, las mujeres en promedio ganan sólo entre el 60 y el 75 por ciento del salario de los hombres”.                                                        Es bastante preocupante que en pleno siglo XXI, aún esas desigualdades sean tan marcadas, con todo y que muchos gobiernos han estado trabajando en función de minimizar ese problema.                                                                                                                Otras cifras mencionadas por la doctora Piza y que se pueden verificar en la página de ONUMujeres hablan de que “son más las mujeres que los hombres con empleos vulnerables, de baja remuneración o subvalorados… Hasta 2013, el 49,1 por ciento de las mujeres trabajadoras del mundo se encontraba en situación de empleo vulnerable, a menudo sin protección de las leyes laborales, frente al 46,9 por ciento de los hombres”.
De igual manera, esta misma organización informa que, a pesar de algunos progresos alcanzados en los últimos 50 años, prácticamente en todos los países los hombres destinan por día más tiempo al ocio, mientras que las mujeres dedican más tiempo a realizar tareas domésticas no remuneradas; es decir, desarrollan empleos vulnerables.

¿Cómo reducir esas desigualdades?
Muchas instituciones a nivel mundial están luchando para que las mujeres ocupen las posiciones que, por su preparación, capacidad y esfuerzo les corresponde y para ello se han venido implementando campañas y leyes que, a futuro, deberían dar los resultados esperados.
Es cierto que falta un trecho largo para lograrlo totalmente, pero hay muchas personas que, en diferentes escenarios y tribunas, han dejado escuchar su voz en pro de esta batalla.
Una de ellas es Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, quien en un maravilloso discurso en el National Democratic Institute, organización defensora de la plena participación de la mujer en la vida de las naciones, en homenaje a Aswat Nisaa, organización que busca darle participación política a las mujeres en Túnez, habló de la importancia de emponderar a las mujeres para lograr resultados significativos en este sentido.            Lagarde habla de que hay que atreverse a aprovechar la diferencia, lo cual significa mantener abierta la puerta a la contribución de la mujer, a través de la educación, del trabajo y del liderazgo, las tres claves, según ella, del empoderamiento femenino.

¿Qué significa Emponderar?
Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el término Emponderar significa hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido.
Según refiere Wikipedia, el origen de la filosofía del empoderamiento se encuentra en el enfoque de la educación popular desarrollada en los años 60 por Paulo Freire, en su orientación “participativa”.
La palabra es una adaptación del término anglosajón “empowerment” y su utilización práctica ha sido, especialmente, hacia el campo femenino: emponderar a las mujeres.
“El concepto fue propuesto por primera vez a mediados de los 80 por DAWN (1985), una red de grupos de mujeres e investigadoras del Norte y del Sur, para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos”, explica Wikipedia.
Esto ha llevado a que, en los últimos años, muchas organizaciones gubernamentales y ONG’s que trabajan en pro del desarrollo de las mujeres, hayan adoptado la filosofía del empoderamiento femenino como arma para el crecimiento, no sólo de estas, sino de los países en los cuales ejercen su área de acción.

¿Por qué hay que emponderar a las mujeres?
Como nos muestra la definición, empoderar significa que seamos capaces de decidir lo que hacemos y queremos ser en nuestra vida y, además, ser responsables de nuestras decisiones y de todo lo que suceda en torno a ellas.
Esto nos indica que las mujeres, en todos los países y en cualquier circunstancia, sin   depender de la cultura del mismo, deberían tener los mismos derechos y oportunidades y para ello nada mejor que incentivarlas para que tomen el control de sus vidas.
Ya  sabemos que los convencionalismos y tabús han marcado muchas culturas y han determinado el accionar de muchas sociedades, pero es insólito que en esta época aún predominen prejuicios como diferencias de empleos y beneficios entre hombres y mujeres.
Como bien dice Lagarde: “tenemos que enfocar la participación económica de la mujer con una mentalidad digna del siglo XXI. Tenemos que desembarazarnos del detrito que representa esta arraigada desigualdad de género”.
Según investigaciones realizadas, la participación de las mujeres en cargos claves en las empresas ayudan a las mismas a obtener mejores resultados. Esto lo ha tomado en cuenta, sobre todo, la empresa privada, la cual ha ido mejorando esas políticas de asignación de personal femenino en cargos ejecutivos; pero falta mucho por hacer.
Esa es, precisamente, una de las razones por las que hay que buscar mecanismos para que las mujeres se sientan seguras y confiadas de sus capacidades y competencias, para lograr, no sólo mejores puestos de trabajo y remuneraciones, sino que se les reconozca como profesionales competentes y líderes en muchos campos.
Asimismo, según los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU y referidos por la doctora Piza en su conferencia, a nivel político, las mujeres ocupan sólo un 22% de escaños parlamentarios a nivel mundial; lo que implica un cambio de mentalidad que permita una mayor incorporación femenina en actividades políticas.
Como vemos, emponderar a las mujeres para lograr resultados significativos en la batalla contra la desigualdad de género es una tarea en todos los campos.

¿Qué esperamos para el futuro?
Como decía antes, muchos países y organizaciones ya han tomado la bandera de la igualdad de género como política a seguir, sin embargo aún existen notables diferencias.
Para que exista una verdadera equidad, es indispensable construir una sociedad en que hombres y mujeres tengan las mismas posibilidades de acceso a la educación, la salud, el trabajo y medios de vida y que mayor número de ellas puedan acceder a cargos de poder y de influencia en el mundo.
En este sentido, se requieren acciones y leyes muy concretas de los gobiernos y organismos internacionales, que contribuyan a la incorporación de habilidades, capacidades, experiencias, y dinamismo femenino en el desarrollo global.
Para concluir,  quisiera citar una frase de la líder feminista, Diana Mariechield,   “Una mujer es el círculo completo. Dentro de ella está el poder de crear, nutrir y transformar”.                                                                                                                                          Esperemos que el futuro inmediato traiga mejores noticias al respecto. Solamente así lograremos una sociedad más justa y equilibrada.

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