Ya he dado mis primeros saltos al vacío

     Aquí estoy de nuevo, queridos amigos; esta vez, como habrán notado, con una presentación diferente en el blog. Cambiar de imagen, irme renovando, experimentar cosas diferentes son algunos de mis objetivos a mediano plazo, tal como les comenté anteriormente en mi post Me tocó reinventarme, y eso es lo que estoy tratando de hacer.

      Es posible que muchos aún no entiendan la importancia de esa idea, pero les aseguro que para mí ha tenido un significado valioso en esta nueva etapa de mi vida. Entre otras cosas, he comprendido que no debemos apartar las situaciones buenas o malas que se nos presentan porque creemos que nos hacen infelices, sino aceptarlas.

     Y, precisamente, de eso quiero hablarles hoy, del porqué pensamos que no somos totalmente felices. Aun cuando ya había escrito sobre eso, hoy se los planteo desde una óptica diferente.

     Uno de los propósitos que tuve cuando inicié este blog fue no hablar de política porque pienso es uno de los temas que crea mayor controversia y mi intención era escribir sobre aspectos que contribuyeran al bienestar físico y espiritual de los que me leen y la política, a veces conduce a la división y a la enemistad.

      Sin embargo, hace pocos días un amigo venezolano me hizo un comentario por mensaje de WhatsApp, en relación a una imagen que puse sobre la felicidad, que llamó mi atención. Su comentario fue: “es difícil ser feliz en las actuales circunstancias en este país”, aludiendo al aspecto económico, político y social que se vive allí.

    Sin profundizar en ese asunto, que ya es suficientemente conocido por todos, deseo compartir con ustedes algunas frases del libro “Saltar al Vacío”, de Sergi Torres, que leí recientemente, el cual habla del tema de la felicidad, e interpretar mi punto de vista al respecto.

    Puede ser que el autor, e incluso ustedes, lo aprecien de forma diferente, así que sólo deseo aportar mi visión del tema.

¿Por qué Saltar al Vacío?

    Pienso que lo primero que debemos hacer es analizar el título del libro para entender mejor de qué se trata

    Sabemos que la frase pareciera que nos remite a algo como lanzarnos hacia un precipicio, arrojarnos a un barranco, saltar de un sitio muy alto… hacia lo desconocido y eso, claro está, da un poco de miedo.

     Pero más allá de esa impresión, la percepción que tengo de este “Saltar al Vacío” tiene que ver con experimentar, innovar, realizar las cosas de forma diferente a como las hemos venido haciendo; asumiendo las consecuencias (positivas o negativas) de nuestros actos. Es decir, aceptar la responsabilidad de lo que hacemos y las decisiones que tomamos.

   Cambiar el modo de pensar con respecto a algo es, quizás, una de las mayores aprehensiones que tenemos, porque nos lleva a reconocer que estábamos equivocados y cuan difícil es aceptarlo a veces.

     En realidad, no deberíamos tener temor de probar cosas diferentes. Eso nos provee de visiones y apreciaciones distintas hacia los temas de la vida y hacia las personas.

     Aventurarnos en algo nuevo, frecuentemente, tiene su gratificación y si no, al menos, nos deja un aprendizaje para saber cómo debemos actuar. Ese es, quizás, el pilar fundamental de este libro: enseñarnos a pensar diferente.

De la acción a lo que somos

     Aunque este no es el primer concepto que maneja Torres en el libro, quiero iniciar el análisis con esta frase: Hemos permitido que la acción defina lo que somos en lugar de que lo que somos defina a la acción”.

   Hemos determinado nuestra vida por lo que hacemos, en lugar de lo que somos. Actuamos por impulsos, por inercia, sin analizar si es lo que realmente nos satisface. Por ejemplo, tenemos un trabajo que no nos gusta (por diversas razones), pero no nos atrevemos a dejarlo por miedo a no tener recursos para cubrir nuestros gastos.

    Es cierto que, regularmente, el compromiso con nuestra familia nos lleva a ello, pero ¿nos hemos planteado en algún momento la posibilidad de que no somos felices? Le achacamos la causa de nuestra molestia al trabajo, pero no tomamos la decisión de dejarlo.

   Lo mismo puede pasar con situaciones familiares, por ejemplo, una pareja o una condición personal o familiar en particular. Si algo no nos permite ser dichosos no deberíamos actuar impulsados por el enfado o el resentimiento, sino buscar la forma de dejarlo ir.

    Sin embargo, si aún a pesar del enojo, rencor o sufrimiento sientes que no puedes apartarte de él, date un tiempo para madurar esa posibilidad.

La hoja cuando aún está verde no se cae de la mata

     Torres habla de que No se trata de renunciar a lo que aún le das valor sino más bien sentir que ha caducado. Si tú le das valor a un trabajo, aunque te haga sufrir porque no te gusta, no lo dejes. Si renunciar a ese valor, sea el que sea, te lleva directo al sufrimiento, no lo hagas. Eso significa que la hoja aún no está seca. Si tú arrancas una hoja verde, esa hoja sufre. Se trata de mantenerte esperando en confianza a que llegará un momento en el que experimentarás esa caída natural.

    Como mencionaba antes, frecuentemente nuestras acciones son impulsadas por momentos de celos, cólera o indignación debido a alguna situación sobrevenida y después nos arrepentimos. No permitamos que nuestras actuaciones arropen nuestra verdadera forma de ser y de pensar.

     La fórmula es no enfrentarnos a nuestros sentimientos, sino entenderlos y aceptarlos. Para eso se necesita mucha entereza y cabeza fría porque La felicidad no selecciona emociones, sino que las vive. Vivamos entonces cada momento de nuestra vida, por pequeños o grandes que parezcan.

Soy yo y no mis circunstancias externas

     Uno de los fundamentos de la teoría de Sergi Torres está en que tendemos a pensar que lo que nos ocurre casi siempre está originado en personas o circunstancias ajenas: la decisión de mirar fijamente a una emoción no depende de las condiciones externas sino de mí.

      Retomando el ejemplo del trabajo, si no nos está yendo bien, se lo atribuimos al jefe que tenemos que no nos toma en cuenta para el ascenso, o de los compañeros de trabajo que son unos envidiosos o unos flojos. Y si son problemas familiares, siempre la culpa es de mi esposo o mis hijos que no me valoran.

    Para Torres, así pensamos los seres humanos: “yo siento mi propio sufrimiento y voy a encontrar al responsable de ello. Lo más curioso de esto es que todos los seres humanos tenemos la capacidad, las herramientas y los dispositivos para encontrar en nosotros la salida a nuestro propio sufrimiento. Sin embargo, muy pocos los usamos. La mayoría creemos que es más fácil conseguirlo a través de otra persona o de una situación mejor”.

     Es decir, no asumimos la responsabilidad de nuestros propios sentimientos y forma de pensar. Parece complicado, pero pienso que es muy cierto y, como agrega Torres, eso nos conduce a ensimismarnos en nuestro dolor, llevándonos a un estado de aislamiento.

     “En nuestro afán de complicar las cosas y de separarnos de la vida entramos en espacios de soledad tremendos. Quizá a ti no te ocurra igual pero cuando yo me siento mal, me siento solo. Cuando me siento bien, no me siento solo”; dice Torres.

     A menudo pensamos que nos sentimos mal porque estamos solos, pero es justo lo contrario: nos sentimos solos porque nos sentimos mal y buscamos algo o alguien que calme esa sensación interna en nosotros y que obviamente no va a aparecer. ¿Por qué? ¡Simple! Porque nosotros somos los responsables de esa soledad”.

¿Por qué no somos felices?

    Como comenté al inicio, otro de los temas abordados en el libro es el de la felicidad: Queremos ser felices, pero ante la posibilidad de serlo nuestra mente sale en defensa de nuestra realidad no feliz. Esto nos lleva a sufrir por estar viviendo una vida llena de posibilidades a la que nos oponemos… La felicidad no es una emoción sino la conciencia del ser”; sostiene Torres.

     Esta afirmación viene dada porque somos propensos a pensar negativamente. Nuestra mente, la mayoría de las veces, vuela a recordar o darle mayor valor a momentos o acontecimientos adversos de nuestra vida. Por ejemplo, si algo nos salió mal, en vez de decirnos “la próxima será mejor”, decimos “todo me sale mal”.

    Asimismo, cuántas veces nos hemos levantado de la cama diciéndonos frases como: “que fastidio, tener que trabajar otro día”, “hoy no quisiera toparme con tal persona porque seguro tendré problemas con ella”. O, simplemente pensamos: “hoy no es el mejor día de mi vida”.

     En otras palabras, somos los que reflexionamos de nosotros mismos. Si consideramos que somos brutos, necios, obtusos o patanes, nuestra mente admitirá tales etiquetas. Nos complicamos la vida bloqueando los aspectos y momentos positivos y hermosos de la misma.

    Muchas veces desaprovechamos los pequeños placeres y ocasiones que tenemos para alcanzar la felicidad. Los buscamos fuera de nosotros mismos, con personas, eventos o cosas que, si no estamos plenamente dispuestos, nunca lograrán hacernos sentir felices.

     Y nos decimos: “no quiero ver más a tal persona porque no me hace feliz”; o “no voy más a tal sitio porque no me divierte”; o “si no fuera por fulano mi vida sería un infierno”. Pero no asumimos que nuestra alegría no depende de ellos o de esos momentos, sino de nosotros; de nuestra actitud hacia ellos.

    Según Sergi Torres: “Yo veo películas, pero no le corresponde a la película decidir si me va a entretener o no. Es lo mismo que cuando me encuentro con alguien: no le corresponde a él decidir lo que yo voy a sentir o cómo voy a pensar. Me corresponde a mí. A eso le llaman tomar la responsabilidad por la propia experiencia. Y ahí es donde podemos usar cualquier herramienta de este mundo para mirar y atravesar esa cúpula de pensamientos”.

¿Cómo alcanzar el bienestar?

   “Cuando empezamos a confiar incondicionalmente en nuestra vida, confiamos también incondicionalmente en la vida de los demás. Si confiamos en nuestra vida, confiamos también en la persona que está al lado. Y cuando lo hacemos, sentimos tranquilidad, paz y amor”.

     Si ese fuera nuestro principio de vida, nuestra existencia sería diferente. Como decía previamente, nos preocupamos por cosas insignificantes que nos quitan la energía y la motivación. Y no es que no existan los problemas, pero es nuestra forma de afrontarlos lo que nos permite librarnos de las ataduras, vivir en bienestar y ser felices.

     Torres afirma que para alcanzar la felicidad solo tenemos que aceptar las cosas y ser agradecidos: “Centramos nuestra conciencia en evitar sufrir y no en estar agradecidos. Agradecer no consiste en volver positivo el pensamiento sino en respetarlo”.

     Aceptar todo lo que tenemos (hasta los problemas), nos descarga de preocupaciones y agradecer no sólo a Dios, sino a la vida y a los que nos rodean, por ayudarnos a entender que estamos vivos.

      La gratitud nos dirige hacia la paz espiritual y a que nuestros sentimientos sean plenos y correspondidos. Nos conduce a un estado de bienestar y nos libera del temor hacia lo desconocido.

    Así que no tengamos miedo en atrevernos a dar ese paso al vacío, tal vez estemos perdiendo más si no probamos.

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