No es lo que tu ves, sino lo que yo interpreto

Todos hemos oído en algún momento la frase “depende del cristal con que se mire” y pensamos que es sólo un dicho. Quizás, muchos, ni siquiera nos hemos detenido a profundizar en si esto tiene una razón científica o es un mero decir.

¿Se han puesto a analizar que un mismo refrán puede tener diferentes interpretaciones? ¿O que, una misma opinión, pueda ser tomada de diversas maneras por las personas?

No sé si en todos los países latinoamericanos sucede lo mismo, pero en mi país de origen (Venezuela), es muy común el uso de refranes y, lo más interesante, es que la gente puede tener diferentes apreciaciones para el mismo.

Como es algo que despierta mi curiosidad, me dediqué a hacer un pequeño ejercicio, a ver si era cierta o no esta multiplicidad de interpretaciones.

Para constatarlo, le solicité a un grupo de amigos, que, con sus propias palabras, me dijeran qué significaban para ellos dos refranes. El primero: “una mano lava la otra y las dos lavan la cara”, y el segundo: “cuentas claras y el chocolate espeso”.

Con respecto al primer refrán hubo conceptos como solidaridad, trabajo en equipo, ayuda mutua, reciprocidad, sinergia, necesidad de socorrerse mutuamente, complementariedad, dependencia entre seres humanos.

Y, relacionadas con esas ideas, hubo respuestas como: primero nos ocupamos de nosotros y luego juntos logramos algo mayor; ayúdame, yo te ayudo y luego juntos ayudamos a alguien; si trabajamos en equipo logramos metas más altas.

Sin embargo, algo que llama la atención con respecto a este refrán, es que algunas de las interpretaciones estuvieron relacionadas al tema de la corrupción, mencionando el pago de sobornos a alguien (ayuda mutua), para quedar bien los dos (las dos manos lavan la cara); o a encubrirse dos personas algún delito.

Con respecto al segundo dicho, “cuentas claras y el chocolate espeso”, mis encuestados manejaron conceptos como verdad, claridad, honestidad, transparencia, respeto (en las relaciones personales, amorosas o de trabajo), las cosas bien hechas, entenderse, usar el mismo lenguaje, sin malos entendidos.

Y hubo respuestas como: las cosas son como son, no hay otra alternativa; me gustan las cosas como deben ser; es mejor las cosas de forma correcta; hay cosas que son mejores “en cierto estado”.

Como podemos notar, esto de buscarle sentido a las cosas es, a veces, más complicado de lo que parece. Puedo entender que un mismo refrán pueda involucrar dos conceptos diferentes, pero no tan disímiles como solidaridad y corrupción; es ilógico; ¿no les parece?

Óptica propia

Para entender un poco cómo funciona este fenómeno, vamos a revisar algunos significados importantes.

El primero, interpretar que, según la RAE, significa “explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos”.

Otra definición habla de “concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad”.

Interpretación, entonces, es la acción y efecto de interpretar.

Ahora bien, según el psicoanálisis, la percepción se antepone a la interpretación. En este sentido, primero se percibe el objeto, luego se realiza la interpretación de lo que se acaba de percibir y el conocimiento previo que tenemos es lo que reinterpreta lo que se ha percibido.

Podríamos decir, entonces, que la percepción es objetiva y la interpretación es subjetiva.

Para entender mejor esto, consulté a una amiga, la psicóloga Graciela Adrián Blanco, quien me explicó que la percepción es un proceso humano activo de construcción de la realidad.

Explica que “una cosa es lo captado por los sentidos, lo que vemos, olemos, escuchamos o probamos y otra muy distinta es el proceso activo de la percepción, el cual involucra condiciones subjetivas”.

Complementa diciendo que la percepción es compleja y se halla impregnada de experiencias, valores, intereses, actitudes, etc.; por lo cual, existen muchos factores subjetivos que la condicionan.

Según Graciela Adrián, algunos agentes importantes que determinan el acto perceptivo son: la presión de un grupo, la credibilidad, la ideología o creencias, la personalidad, la cultura, los intereses, etc.

De allí que dos personas, ante una misma situación, puedan fijarse o prestar atención en aspectos opuestos; porque sus intereses o su conocimiento previo lo son.

Es decir, cada quien interpreta de acuerdo a un bagaje cultural preestablecido, hay ópticas diferentes para apreciar un mismo elemento.

Cada cabeza es un mundo

Como deducción, podríamos apuntar que la realidad es una sola y que los seres humanos, al interpretar un hecho o un refrán, como planteamos al principio, le adosamos nuestros gustos, valores, intereses, cargas emocionales; nuestra subjetividad.

Por lo cual se dice que existen tantas realidades como personas, aunque en esencia sea solo una.

Cada persona es un universo diferente, con desiguales caracteres, con distintas experiencias, con circunstancias diversas en la vida; producto del entorno cultural en el que se ha desarrollado y es ese contexto el que facilita la interpretación.

Esto sucede porque valoramos más nuestro punto de vista, que la propia realidad existente y ello es lo que hace ver las mismas cosas, bajo perspectivas diferentes.

Eso es lo que en psicología se conoce como sesgo de confirmación, que significa la propensión que tenemos a reafirmar nuestras hipótesis y creencias, en vez de buscar, simplemente, la verdad.

Pero qué distinto sería el mundo si, aún a pesar de las divergencias, todos interpretáramos las cosas bajo parámetros más o menos parecidos; quizás se acabarían muchos conflictos. Sin embargo, sabemos que eso no es posible.

La pugna entre diferentes visiones la vemos en muchos campos: en política, religión, en la misma cultura de pueblos hermanos. Todos queremos imponer “nuestra verdad”. Pero deberíamos tener presente que, como dice la gente, cada cabeza es un mundo.

 No estamos solos en el universo

Lo que deberíamos hacer para entender la realidad bajo la cual cada una de las personas de nuestro entorno se encuentra inmersa, es comprender que no hay dos personas iguales.

Como seres sociales, nos comportamos bajo ciertos patrones y muchas veces tratamos de que las otras personas actúen de la misma forma, sin respetar su forma de pensar.

Solamente, comprendiendo la realidad de los demás y aceptando la diversidad de culturas, ideologías y modos de razonar, nos permitirá tener una mente abierta y amplitud de puntos de vista bajo los cuales tomar decisiones.

Para finalizar, les dejo esta frase de Gregorio Marañón, considerado uno de los más brillantes intelectuales españoles del siglo XX: “Aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones”.

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