Los jóvenes no son los más felices

Parece paradójico, pero estudios recientes han descubierto que, en líneas generales, las personas son más felices en la vejez que en la juventud. Y digo que parece una paradoja porque (al menos en teoría) en la época de la vida en que tenemos mejor salud somos menos felices.

Ustedes dirán que estoy desvariando, pero no, estudios recientes han demostrado que la felicidad tiene una curva en forma de U, la cual indica que en los primeros años de existencia (alrededor de los 20), hay un estado de felicidad alto que va disminuyendo desde los 30 a los 50 y cuando nos acercamos más a la tercera edad (alrededor de los 60), el nivel de felicidad va de nuevo en ascenso y alcanza su máximo nivel al llegar a los 70 u 80 años.

Una investigación publicada en la revista científica Current Directions in Psychological Science y otra realizada por un equipo de investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia (por mencionar sólo dos de los varios estudios realizados), confirman esta teoría.

Lo que dicen los especialistas

Los expertos en el tema consideran que esto tiene que ver con la capacidad de los adultos mayores de superar mejor las reacciones adversas que las personas más jóvenes, quienes tienden a darle mayor importancia a los acontecimientos negativos que a los positivos.

Por ejemplo, en la edad media (30 a 40 años), las personas priorizan actividades como el trabajo y la búsqueda de mayores recursos económicos para lograr un mejor bienestar para sí mismos y para sus familias. Especialmente los que ya tienen hijos, consideran fundamental el que estos tengan una óptima calidad de vida.

Asimismo, en esta etapa, lograr hacerse de un patrimonio financiero para tener una existencia cómoda, ocasiona que no se disfrute de los verdaderos placeres de la vida, según opinión de los especialistas.

¿Opiniones encontradas?

Es posible que muchos no estén de acuerdo con esta teoría, pero considero que, hasta cierto punto, tiene sentido y lo digo con conocimiento de causa porque, en nuestra juventud, desperdiciamos momentos valiosos para sentirnos plenos, en la búsqueda de dinero para el futuro.

Y no es que no debamos pensar en tener nuestros ahorros para la vejez o que debamos pasarnos la vida como los hippies, de manera simple y sin preocuparnos mucho, porque eso es bastante difícil.

Pero si tenemos que reconocer que agotamos todas nuestras energías acumulando dinero y vamos perdiendo la salud y las fuerzas, apartando la oportunidad de felicidad presente en el momento.

Otra investigación, realizada por el VA Ann Arbor Healthcare System de la University Ann Arbor, de Michigan, dice que “las experiencias a lo largo de la vida conllevan la adquisición de conocimiento, y eso nos hace más felices, incluso frente a la adversidad”.

El temor a la vejez

Muchos tienen (o hemos tenido en algún momento de la vida) pánico a llegar a viejos porque pensamos que en esa etapa “estamos acabados”, pero según ese estudio de la Universidad de Michigan, las dificultades que hayamos podido atravesar nos hacen más juiciosos y prudentes, lo cual nos conduce, en parte, a la felicidad.

Es decir, que no es una utopía eso de que “a más viejos más sabios”. Las habilidades que adquirimos a lo largo de nuestra vida, influyen positivamente en cómo nos sintamos en la tercera y cuarta edad. La edad va atesorando el conocimiento y eso finalmente se traduce en experiencia.

Por otro lado, también es cierto que a la mayoría de la gente le aterra llegar a viejo porque se supone que en esa etapa nos volvemos improductivos, pero déjenme decirles que los estudios demuestran que eso no es así, que las capacidades mentales no se pierden, sino que, cuando el cerebro envejece, las mismas cambian, se transforman.

Podemos confirmar esto con la opinión de la doctora Molly V. Wagster, Jefa de la sección de Neuropsicología del Envejecimiento del National Institute of Aging (NIA), Bethesda, Maryland, USA, quien dice que las investigaciones que se han desarrollado, comprueban que hay crecimiento de células nuevas en personas con avanzada edad, especialmente, aquellas que mantienen una actividad mental permanente y que tienen relaciones sociales activas.

He aquí, la fórmula, entonces. Sostener una vida dinámica mantiene a nuestro cerebro trabajando y a las neuronas regenerándose y no, como creen muchas personas, de que es cuestión de genética.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos, sevillano de nacimiento, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York y miembro de la Academia de Medicina de esa misma ciudad, sostiene que “la vitalidad física, mental y social, no es tanto una cuestión de genes, como del estilo de vida que escogemos”.

Lo que le permite a un adulto mayor tener calidad de vida, no tiene que ver con que sus capacidades físicas o intelectuales estén disminuidas, sino aceptar que nuestro cerebro se nutre de los cambios, y que la motivación está en la forma de pensar. Actuamos y nos movemos en entornos que son espejo de nuestras mentes y evolucionamos a medida que cambia nuestra vida y nuestra forma de pensar.

Algunos consejos de los expertos

Tal como dicen los médicos, mantener una vida sana, sin excesos, con alimentación saludable, actividad física de acuerdo a nuestras capacidades y mente ocupada, nos permitirá ser proactivos y tener una vejez con disposición y actitud positiva.

Por consiguiente, jóvenes, no agoten todas sus energías en acumular bienes materiales. La vida es una sola y hay que disfrutarla.

Y a los mayorcitos: no dejemos que el tema de la tercera o cuarta edad sean motivo de preocupación, ni que los más jóvenes nos amilanen con sus “ya estás viejo para eso”. Aprovechemos la etapa de jubilación para ponernos a alimentar nuestra curiosidad en cosas que siempre nos gustaron, por ejemplo, viajar, conocer gente nueva, participar en actividades que siempre nos atrajeron y que, por falta de tiempo, antes no podíamos hacer.

En fin, descubramos fehacientemente, por qué esta etapa de la vida es la más feliz. Como decía sabiamente mi madre: “el que no llega a esta edad, paga con la vida”.

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