1, 2, 3… activemos nuestro cerebro

En las últimas décadas hemos visto mayor preocupación de la gente en mantenerse en buenas condiciones físicas y notamos como una especie de moda, en querer ser “fitness” y comer sano.

Obviamente, eso no está mal y no piensen que estoy en desacuerdo porque entiendo que, a mejores condiciones físicas, mayor calidad de vida. Pero ¿y las condiciones mentales? ¿Nos estamos preocupando por los problemas de salud mental que trae nuestro estilo de vida?

En la Antigua Roma, la expectativa de vida era hasta los 25 años y por eso la gente no se preocupaba mucho en mantenerse en forma porque, total, morían temprano. Pero con el paso del tiempo, el deseo de llegar sano más allá de los 80 años, ha permitido que también nos preocupemos por tener una mente sana. Porque ¿de qué nos vale tener un cuerpo en forma si nos olvidamos de las cosas?

Es allí donde recordamos la famosa frase “mente sana, cuerpo sano”, porque muchos especialistas coinciden en que tenemos que mantener nuestro cerebro activo, para decir que estamos en óptimas condiciones físicas.

Psicólogos, psiquiatras, neurólogos, psiconeurólogos y algunos otros especialistas han dejado ver sus puntos de vista sobre la necesidad de mantener la plasticidad cerebral, a fin de retardar el envejecimiento del mismo.

Y, no sé si será idea mía, pero en los últimos tiempos, pareciera que hay como una escalada de casos de Alzheimer o demencia senil y, si hay algo que, particularmente, me preocupa, es el hecho de ir perdiendo las facultades mentales. No porque no desee envejecer de forma natural, sino por el hecho de llegar a ser una carga para mi familia.

Pero ¿es esto posible?. ¿Realmente podemos utilizar técnicas que nos permitan mejorar nuestra capacidad mental?. ¿Están los expertos de acuerdo con esto?.  ¿Sabe el común de la gente que esto es factible?

Conocimiento cambiante

Algunos especialistas afirman que “la aptitud cerebral es la capacidad del cerebro para aprender lo que el organismo necesita saber para sobrevivir en un entorno cambiante”, tal como lo indican en el artículo Capacidad Cerebral. Concepto, definición y ejercicios para estimular la capacidad cerebral, publicado en Cognifit.

Según el mismo, los tiempos actuales son tan cambiantes y la evolución es tan acelerada, que el cerebro debe adaptarse a los conocimientos que día a día nos llegan. Las nociones aprendidas por nuestra generación, ya son obsoletas para la nueva y por ello el cerebro debe ir actualizándose y mantener una capacidad constante de aprendizaje.

Nuestro cerebro debe tener la suficiente plasticidad, para ir variando nuestra capacidad de discernimiento y de allí que necesitemos aceptar distintas y versátiles formas de aprendizaje, que nos aporten habilidades para la resolución de los problemas.

Estos expertos sostienen que, tal como van las cosas, esta adaptación del cerebro humano a los cambios, permitirá que, en el futuro, la investigación guíe a neurocientíficos, psicólogos, etc.; en el bosquejo de ambientes, verdaderamente apropiados para el desarrollo cerebral.

Deducimos, entonces, que nuestro cerebro no es algo estático, fijo, sino que puede variar cuando las neuronas son estimuladas de acuerdo a diferentes sensaciones, conocimientos o experiencias y, a juicio de los investigadores, ello produce que se desarrollen nuevas conexiones neuronales entre sí.

Es por eso que ahora, muchos expertos están hablando del entrenamiento cerebral porque, según parece, la pérdida de la función intelectual también se puede recuperar y mejorar al ejercitarla y para ello se ha desarrollado una corriente hacia lo que se ha denominado neuróbica o gimnasia cerebral o mental.

No sólo los viejitos tienen olvidos

Los adelantos en neurociencia demuestran una estrecha conexión entre el cerebro y nuestro cuerpo. Esto fue entendido y aceptado desde hace ya algunos siglos en la cultura oriental y, por ello, han estimulado el uso de las técnicas del Tai Chi, el yoga y algunas otras disciplinas, a fin de mantener en buen estado de salud la trilogía cuerpo-mente-espíritu.

Asimismo, ha sido suficientemente demostrado que la tensión, ansiedad y estrés, propios del estilo de vida actual, provocan una desconexión del cerebro y permiten que nuestras neuronas se vayan apagando.

La pérdida de funciones cognitivas, específicamente de la memoria, la atención y velocidad en el procesamiento de la información, se produce con el envejecimiento normal. Así como se pierde masa muscular cuando las personas envejecen, es natural que se vayan perdiendo un poco de las funciones cerebrales con el paso del tiempo.

La psicóloga Xiomara Borrego Marcano, presidenta del Capítulo Anzoátegui de la Fundación Alzheimer de Venezuela, nos explica que el deterioro cognitivo es propio de la edad y se manifiesta, especialmente, a partir de los 60 años, indistintamente en hombres y mujeres.

Para ella, el envejecimiento conlleva cambios importantes en el organismo, tales como la disminución de la visión, oído y forma de procesar la información, las cuales no afectan el normal desenvolvimiento del adulto mayor, siempre que se mantenga en buenas condiciones de salud.

Borrego nos explica que, al avanzar la edad, todos los tipos de memoria (a corto, medio y largo plazo), deben permanecer con pocos cambios respecto al adulto joven, a excepción, quizás, de la memoria inmediata, que es la que más se resiente con el envejecimiento. De igual modo, la capacidad verbal, el vocabulario, la comprensión y las capacidades de manejo se mantienen casi intactos con la edad.

Sin embargo, un estudio realizado por el Centro de Salud Pública de Francia y la Universidad de Londres, publicado en la Revista Médica Británica (British Medical Journal) http://ofic.blogspot.com/2012/02/45-vs-27-cuando-empieza-el-deterioro.html, demostró que el deterioro de las capacidades cerebrales comienza mucho antes de lo que se pensaba, es decir, a los 45 años.

Las pruebas realizadas para la investigación revelaron que las capacidades cognitivas se deterioraban en todas las categorías, a excepción del vocabulario, y que el desgaste era más veloz entre los adultos mayores, pero para hay personas entre 45 y 49 años en los que se observó deterioro en un rango del 3.6%.

Por lo tanto, si usted está por encima de los 45, debe estar al tanto de que, aunque se sienta joven físicamente, su cerebro ya ha comenzado a degenerarse y podría mostrar algunos signos leves de deterioro cognitivo que, si no toma las previsiones, a posterior, podrían conducir a algún tipo de demencia.

Gimnasia Mental para todos

Según la doctora Borrego, la prevención tiene que ver con cuidar las condiciones de vida desde temprana edad.

Los resultados del estudio de la BMJ antes mencionado, son importantes para prevenir este deterioro, ya que sugieren que las pruebas para detectarlo deberían hacerse desde los 45 años. Asimismo, ratifican la necesidad de fomentar hábitos que favorezcan no sólo el bienestar físico del organismo sino también el del cerebro, desde esa edad. Ello contribuiría a mantener una vida activa y autónoma el mayor tiempo posible.

Los avances acerca del envejecimiento y el mayor conocimiento del cerebro, han desarrollado técnicas y nuevas estrategias para mejorar el funcionamiento cognitivo. Entre estas están la neuróbica, la gimnasia cerebral, la gimnasia mental, el brain fitness y el Neuro Gym, que combinan actividad física, estimulación cognitiva y autorregulación emocional para estimular ciertas funciones mentales.

La gimnasia cerebral permite ciertas destrezas para equilibrar los efectos de la tensión y alcanzar un estado óptimo para aprender, pensar y concentrarse en cualquier momento y lugar.

Agrega la psicóloga Xiomara Borrego, que también es recomendable la estimulación cognitiva con herramientas de la pedagogía, ejercicios que refuerzan la atención, la memoria, la orientación espacial, la comprensión y el lenguaje; entre otros.

Esto es importante, porque los expertos suponen que la estimulación sensorial y actividades como acciones y pensamientos poco comunes para la persona que las realiza, producen mayor cantidad de sustancias químicas del sistema neurobiológico del cuerpo, las cuales estimulan el crecimiento de nuevas neuronas y dendritas en el cerebro.

Esto se debe a que las prácticas rutinarias son tan instintivas en una persona, que la mayoría de las acciones se realizan en gran medida de forma inconsciente, por lo cual no se ejercita el cerebro.

La buena noticia es que podemos prevenirlo

Anteriormente les mencionaba el Neuro Gym, Gimnasia Cerebral o Brain Fitness  y es casi seguro que muchos ya han oído hablar del mismo, pero ¿sabemos exactamente en qué consiste?

El método en cuestión tiene muchos defensores y algunos críticos y fue desarrollado en 1997, por el PhD Paul Dennison, padre de la “Kinesiología Educativa”, el cual está condensado en el libro “Brain/Gym, Mejora tu Aprendizaje”; escrito en colaboración con la doctora Luz María Ibarra.

De acuerdo a las investigaciones desarrolladas por Dennison, el método está basado en ejercicios, problemas y rompecabezas mentales que mejoran la actividad cerebral y puede ser aplicado en personas de cualquier edad. Para él, los beneficios que otorga son numerosos; mencionaremos algunos:

Proporciona desarrollo y estimulación en las habilidades y capacidades cerebrales; desarrolla las neuronas manteniéndolas activas y receptivas y facilitando la efectividad de las conexiones entre las mismas; mejora las habilidades escolares en los niños, así como la memoria, concentración y focalización; incrementa las habilidades de comunicación y el desarrollo lingüístico; al igual que el desarrollo personal y el manejo del estrés y las emociones.

Como vemos, pareciera que el método es efectivo y, aunque sus detractores lo califican como una pseudociencia, actualmente muchos expertos lo utilizan para ayudar a mantener la capacidad cerebral, sobre todo, en personas de la tercera edad.

La psicóloga Borrego, sin embargo, nos explica que la prevención tiene que ver con cuidar las condiciones de vida desde temprana edad, ya que, a través de los adelantos científicos, poco a poco se empieza a conocer cómo evolucionan las funciones cognitivas con la edad y estar en buen estado de salud es prioritario.

¿Qué podemos hacer para mantener nuestro cerebro activo?

Los seguidores del Neuro Gym, recomiendan mantenerse activo físicamente, es decir, salir, caminar, hacer ejercicio, moverse, aprender cosas nuevas (como idiomas, manualidades, actividades artísticas, etc.); ya que está extensamente demostrado que este tipo de acciones favorece la creación de nuevas conexiones neuronales y las mantiene activas.

Un estudio del Instituto Nacional sobre Envejecimiento de EE.UU. demuestra que bailar estimula nuestro cerebro, evita el deterioro y fomenta la creatividad, al igual que realizar otras actividades artísticas.

Asimismo, los expertos sugieren algunos cuidados preventivos para ayudar a mantener nuestro cerebro ágil y “en forma”; tales como:

  • Cuidar muchísimo la salud y los hábitos de consumo, es decir, evitar el consumo de drogas, tabaco y alcohol, así como mantener normal la presión arterial y los niveles de azúcar, ya que está demostrado que éstos aceleran en gran medida el deterioro cerebral.

  • Tratar de huir del estrés y la ansiedad prolongada.

  • Escaparse de la rutina, ya que hacer siempre lo mismo o ir todos los días por la misma ruta no permite que nuestro cerebro trabaje.

  • Realizar las actividades cotidianas con la mano no dominante, tales como cepillarse los dientes, peinarse, usar los cubiertos, cortar los alimentos, escribir, etc., lo cual ayuda a desarrollar la lateralidad cerebral.

  • Evitar la pasividad extrema, especialmente pasar mucho tiempo apoltronado o viendo televisión. Estudios, como uno desarrollado en la Universidad de Uppsala, en Suecia, han demostrado que la actividad física mejora la atención, memoria, fluidez verbal, el estado cognitivo global y la velocidad de procesamiento.

  • Relacionarnos con amigos y familiares. Varias investigaciones han demostrado que compartir con otras personas estimula la actividad cerebral.

  • Practicar la lectura y tenerlo como hábito.

  • Ir al teatro, el cine y desarrollar hobbies se refleja en la cadena neuronal que soporta el aprendizaje.

  • Hacer pasatiempos, sudokus y juegos de estrategia como el ajedrez. Inclusive, según algunos estudios, los videojuegos son de gran ayuda para desarrollar funciones cognitivas.

En conclusión, son muchos las tesis que avalan la importancia de mantener el cerebro activo. Como propone el profesor Ian Robertson, jefe de investigaciones del Instituto de Neurociencias del Trinity College de Irlanda, es necesario cambio, desafío y aprendizaje; obviamente en una dosis coherente.

Explica Robertson, “el punto es que el cerebro esté desafiado. Pero sin excederse, porque hay una línea muy finita entre lo que es un cerebro desafiado y un cerebro estresado” http://www.parati.com.ar/lo-nuevo/salud/cerebro-en-forma/9167.html, así que no está de más, practicar estos ejercicios que nos ayudarán a retrasar la aparición de los síntomas del envejecimiento neuronal y a ser más sanos y felices.

Como nos dice el experto Pedro Moreno, psicólogo clínico en el Servicio Murciano de Salud, en su libro “Abrirse a la Vida”, “las emociones tienen su origen en la mente, que debemos entrenar para el equilibrio emocional, ya que de otro modo la felicidad auténtica será imposible”.

Así que, para comenzar a ejercitar nuestras neuronas, acá les dejo un ejercicio que, si pueden leer las primeras palabras, el cerebro los ayudará a descifrar el resto:

C13R70 D14 D3 V3R4N0 3574B4 3N L4 PL4Y4 0853RV4ND0 D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N 7R484J484ND0 MUCH0 C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0 D3 4R3N4 C0N 70RR35, P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735. CU4ND0 357484N 4C484ND0 V1N0 UN4 0L4 D357RUY3ND0 70D0 R3DUC13ND0 3L C4571LL0 4 UN M0N70N D3 4R3N4 Y 35PUM4 P3N53 9U3 D35PU35 DE 74N70 35FU3RZ0 L45 CH1C45 C0M3NZ4R14N 4 L10R4R, P3R0 3N V3Z D3 350, C0RR13R0N P0R L4 P14Y4 R13ND0 Y JU64ND0 Y C0M3NZ4R0N 4 C0N57RU1R 07R0 C4571LL0 C0MPR3ND1 9U3 H4814 4PR3ND1D0 UN4 6R4N L3CC10N; 64574M05 MUCH0 713MP0 D3 NU357R4 V1D4 C0N57RUY3ND0 4L6UN4 C054 P3R0 CU4ND0 M45 74RD3 UN4 0L4 L1364 4 D357RU1R 70D0, S010 P3RM4N3C3 L4 4M1574D, 3L 4M0R Y 3L C4R1Ñ0, Y L45 M4N05 D3 49U3LL05 9U3 50N C4P4C35 D3 H4C3RN05 50NRR31R.

Que diferente fuera el mundo si todos practicáramos Kikubari

Leyendo recientemente algunos blogs sobre productividad laboral, me topé con una palabra que llamó mucho mi atención y es el término “Kikubari”. Como quiera que la cultura japonesa siempre ha sido atractiva para mí, me dediqué a investigar un poco sobre qué significa y el contexto en el cual se aplica.

Nunca he estado en Japón, pero mi esposo trabajó por muchos años con japoneses y pude relacionarme con algunos de ellos y son personas por las cuales siento gran admiración, entre otras cosas, porque tienen muy acentuado el concepto del respeto; sobre todo, hacia las personas mayores.

En la cultura japonesa, la jerarquía es sumamente importante en todos los aspectos. Esta determina tanto la forma de hablar como de actuar, bien sea en lo social como en lo profesional. Ello permite mantener la solidez, estabilidad y armonía de toda la sociedad.

Para ellos, la noción de comunidad está en primer lugar y, dentro de ella, el concepto “wa” (armonía), está muy arraigado y se refiere a la marcada intención de mantener la concordia y total paz en el grupo.

Es por eso que los japoneses siempre prefieren ceder, como vía para garantizar la tranquilidad social. En este sentido, evitan el antagonismo y las discrepancias y no expresan abiertamente desacuerdos, disconformidad o crítica. Es decir, anteponen los sentimientos e intereses del grupo sobre los propios.

Lo colectivo sobre lo individual

En nuestra sociedad occidental estamos más acostumbrados a pensar y actuar de forma individual que colectiva, tendemos a ser autónomos en nuestra forma de pensar y actuar. He aquí la diferencia con la cultura japonesa.

Como ya les mencionaba, el término Kikubari llamó mi curiosidad, al toparme con él en un blog de temas básicamente profesionales. Pero en la investigación posterior que realicé pude darme cuenta que es un concepto muy afianzado en la cultura japonesa y aplicable en todos los aspectos de la vida.

El artículo en cuestión hablaba de una ejecutiva norteamericana en Japón, que le sonaban los zapatos al caminar por la oficina y molestaba a los compañeros de trabajo, por lo que, luego de un tiempo, se lo hicieron notar.

Por supuesto, la ejecutiva no entendía por qué no se lo habían dicho con anterioridad y los japoneses le explicaron que no tenían que hacerlo porque ella debía hacer Kikubari.

Interesante, ¿no?

El término, entonces, se refiere a la incuestionable exigencia de tener en cuenta a las personas que te rodean, a la imperiosa necesidad de entender que eres parte de un grupo y que éste está por encima de tus intereses o motivaciones personales.

Es tener la sutileza de estar atentos a la sensibilidad de la gente que nos rodea sin que sea menester manifestarla, comprender sus emociones, deseos o incomodidades sin tener que expresarlos; es decir, adelantarse a las necesidades de esas personas.

La noción de Kikubari, apunta a que todos son parte de una comunidad, la cual puede ser la familia, compañeros de trabajo, vecinos o personas cuyas necesidades y sentimientos están obligados a anticipar, para mantener la armonía.

¿Qué significa Kikubari?

Kikubari 気配りproviene de dos palabras japonesas: kubaru (extender, propagar, conceder a los demás), ki (atención, fuerza vital, espíritu, esencia, corazón); en líneas generales podría decirse que es “servir a los demás desde nuestra esencia”.

Sin embargo, en nuestro idioma podría tener muchas otras interpretaciones, tales como: adelantarse una persona a otra en la realización de una acción; estar centrado en los demás; centrarse en los que te rodea y no en ti mismo; pensar en los demás; ponerse en el lugar del otro; ser desinteresado; ser solidario; no ser egoísta.

Haciendo Kikubari se precisan en lo profundo las prioridades de las personas, entendiendo sus deseos antes de que los mismos los exterioricen y, tomando en cuenta ese conocimiento, las personas son capaces de comportarse y proceder de tal manera, que no sólo rehúyen molestar a los demás, sino que los complacen y agradan de forma activa.

Para los japoneses no es ningún esfuerzo hacer Kikubari. Lo practican de forma natural e instintiva y, quien no lo hace, es considerado carente de habilidades para la socialización.

Los occidentales, por el contrario, estamos a la espera que la gente nos cuente lo que piensa, siente y desea. Al punto de que, si no lo hacen, no nos damos por enterados (bueno, los que no son indiscretos).

Estamos acostumbrados a escuchar en las viviendas, oficinas y lugares públicos, cómo la gente, a viva voz y sin ningún pudor, manifiesta sus enojos, inquietudes o necesidades, sin que se les pregunten y sin importar quien los escuche. Nuestra forma de ser es, en la mayoría de los casos, decirle siempre a los demás lo que pensamos.

Practiquemos el altruismo

Quizás algunas de las traducciones del Kikubari, indirectamente, nos remitan al altruismo y, hasta cierto punto, no están muy alejados los conceptos.

Si nos vamos a lo que nos refieren los diccionarios, podríamos definirlo, según la Real Academia Española, como “la diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio”. Es decir, el término altruismo alude a la conducta humana y es definido como la preocupación o atención desinteresada por el otro o los otros; al contrario del egoísmo.

Según nuestro amigo Wikipedia, se puede entender como “el comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias” y agrega, “es servir constructivamente a los otros, para vivir una experiencia de empatía y el sacrificio personal en beneficio de otros”.

Según la psicología motivacional, se entiende, como el apoyo que prestamos a otras personas de manera voluntaria e intencional, sin pedir nada a cambio. Esta conducta está motivada por las reacciones emocionales de empatía y simpatía que generan en nosotros esas personas.

Sabemos que, en muchas sociedades, el altruismo es una norma de responsabilidad social y en los últimos tiempos, con mayor firmeza. Y, como ya vimos, las culturas colectivistas, como la de Japón, apoyan esta norma con mayor énfasis, es decir, ayudar es una norma moral (y, léase, no es necesario que sea una ley para hacerlo).

Por el contrario, en las culturas individualistas se le da mayor importancia a la persona y al placer individual y tendemos a olvidar las conductas de ayuda, por lo que las normas de responsabilidad social son poco relevantes o casi no son tomadas en cuenta.

En este sentido, la psicología social sostiene que las personas altruistas suelen tener mejor estado de ánimo, son más sociables y evalúan de manera positiva lo que les rodea, por lo cual son más dadas a ofrecer ayuda.

Un artículo publicado en la revista Nature, Human behaviour: A cooperative instinct  hace referencia a una investigación desarrollada por el psicólogo y premio Nobel de Economía 2002, Daniel Kahneman, sobre si la disposición a colaborar en los humanos es instintiva o si, por el contrario, solo aparece tras un ejercicio de autocontrol.

En la misma, los investigadores apuntan a que las personas desarrollan la intuición a partir de las experiencias diarias, en las que abundan estímulos que nos inducen a cooperar, pero que esa conducta colaborativa podría deberse, más bien, a mecanismos de transmisión cultural.

De acuerdo a ese estudio podríamos concluir, que la sociabilidad entre seres humanos nos ayuda a desarrollar esa conducta colaborativa, con más seguridad, que en las sociedades individualistas.

Conciencia ciudadana

Tal vez otro concepto que, en la cultura occidental, pueda semejarse a Kikubari, es el de Conciencia Ciudadana, el cual no es otra cosa que un razonamiento sobre qué somos, queremos y necesitamos como sociedad, en pro del desarrollo y bienestar colectivo.

El concepto nos refiere a que todas las sociedades deberían incentivar la participación de las personas en la solución pacífica y coordinada de los problemas que afectan a los ciudadanos y optimizar las condiciones del entorno que habitan.

A partir de esa concepción es que se hace presente la noción sobre cultura ciudadana, que no es más que aspirar al desarrollo de la conciencia individual y colectiva, porque no basta con ser habitantes, sino que debemos ser ciudadanos comprometidos y solidarios.

Para practicar Kikubari debemos ser desinteresados

Ser desinteresado engloba, también, el significado de Kikubari, porque nos remite a que hay que poner las necesidades de la comunidad por encima, en lugar de siempre actuar bajo el interés propio.

Ser desinteresado empieza por tener la lucidez de ver más allá de nuestras preocupaciones personales y sentir empatía con los demás, incluso por aquellos que no conocemos.

Implica, asimismo, valorar el tiempo de los otros, tal vez, en mayor medida que el nuestro. En ocasiones pensamos que sólo nuestro tiempo es importante y que las personas deben amoldarse a nuestro ritmo, gustos y situaciones y descargamos nuestras molestias, preocupaciones o apuros sin la menor consideración.

Si tus propias dificultades y tu caos personal te ocupan íntegramente, no habrá fórmula valedera que te permita actuar de manera desinteresada. Tener consciencia de lo que ocurre a tu alrededor y entender verdaderamente a los demás es el primer paso para ser desprendido.

Asimismo, ser desinteresado, implica también escuchar con verdadera disposición cuando otras personas hablan.

Es cierto que el principio del Kikubari es adelantarse a lo que las personas piensen y sienten, pero cuando estamos delante de un interlocutor, el escuchar atentamente sin interrumpir es otro fundamento de la filosofía japonesa que deja ver el respeto hacia los demás.

En Oriente, se valora mucho el silencio porque consideran que quien habla muy bien te puede engañar, mientras que la persona que habla poco es transparente y sincera. En cambio, en nuestra cultura occidental, el silencio es incómodo y hasta suspicaz. Valoramos en mayor medida la argumentación como herramienta.

Acostumbrémonos a hacer Kikubari

Es lamentable que las sociedades modernas sean poco dadas a promover el interés colectivo sobre el individual, nos hacen centrarnos más en nosotros mismos y en las rivalidades personales y profesionales.

El ritmo de vida y las preocupaciones diarias nos ofrecen escasas oportunidades para ayudar a los demás y para el intercambio social y de verdadera y desinteresada colaboración.

Sin embargo, no debemos olvidar que, ante todo, somos seres sociales, y que lo más importante y que, verdaderamente, nos enriquece y dignifica, es el contacto y la solidaridad con los que nos rodean física y emocionalmente.

Como dijo alguna vez Juan Pablo II, “la solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno, para que todos seamos realmente responsables de todos.

Así que, a partir de hoy, en la medida de lo posible, tratemos de hacer más Kikubari. Creo que, de lograrlo, el mundo cambiaría notablemente.

Procrastinar y vaguear no es lo mismo ni se escribe igual

Si, ya sé que siempre hemos oído muchas veces y, especialmente de nuestros padres, la famosa frase “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, y nosotros mismos se la hemos repetido insistentemente a nuestros hijos (los que tenemos la dicha de tenerlos).

No obstante, a juicio de algunos escritores, esa costumbre de procrastinar, no es del todo mala; dependiendo de cómo ocupemos nuestro tiempo.

Como pareciera que la palabra está de moda porque hasta grupos de Facebook se han creado a partir del concepto, me voy a permitir hacer algunas reflexiones sobre el tema.

Constantemente nos encontramos en la disyuntiva entre ser productivos o ser vagos. Cuando estamos sin hacer nada, nos carcome la vergüenza de que podríamos estar haciendo algo más provechoso.

Por ejemplo, después de un arduo día de trabajo, no hay nada más sabroso que llegar al hogar y sentarse a ver televisión, oír música, leer un libro o, simplemente, a hacer nada.

El problema es que siempre hemos escuchado que eso no está bien, que hay que ser útiles, es decir, que no debemos procrastinar.

La noticia es que recientemente leí un libro que echa por tierra esa idea. Me refiero a la obra de John R. Perry, “La Procrastinación Eficiente. Guía para dar largas, pensar en las musarañas y posponer todo de manera productiva”.

Perry (que, en realidad su nombre verdadero es Henry Waldgrave Stuart), es Profesor de Filosofía Emérito de las Universidades de Stanford y de California, en Riverside. Ha hecho grandes contribuciones a la filosofía en los campos de la lógica, filosofía del lenguaje, metafísica y filosofía de la mente y, por cierto, es ganador del gracioso Premio Nobel Ig al referido libro. 

El autor, quien confiesa ser un procrastinador y aclara que no es una virtud sino un defecto, plantea una forma diferente de ver este tema. Y se cataloga como un “procrastinador estructurado”.

¿Qué significa ser procrastinador?

Según la RAE procrastinar significa diferir o aplazar. Es la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo.

Wikipedia nos dice que es la postergación o posposición. Es decir, es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables

Para Marta Romo, licenciada en Pedagogía, Máster en Dirección de Recursos Humanos; formada en Neurociencia aplicada al Liderazgo y especializada en Neuropsicoeducación, “el auténtico procrastinador es aquel que pospone de forma habitual los temas importantes o asuntos que requieren un gran esfuerzo y que, además, lo hace porque cree que solo así obtendrá los mejores resultados”.

Si nos llevamos por las definiciones anteriores, podríamos decir que un procrastinador es alguien que tiene flojera de hacer algo y que prefiere realizar alguna actividad que le produzca mayor placer.

Dicen los expertos que ambas expresiones, “vaguear” y “procrastinar”, no son sinónimas. Que la primera es cuestión de pura flojera (“el sofá me atrae, irremediablemente”) y el procrastinador aplaza las tareas más fastidiosas o con más dificultad, reemplazándolas por otras más agradables (“tengo que limpiar, pero primero voy a revisar el Facebook y los mensajes de WhatsApp”).

 Ahora bien, cuando Perry habla de “procrastinación estructurada” ¿a qué se refiere? Tiene que ver con organizar la estructura de las tareas que tenemos que hacer, de tal manera que se aproveche esta peculiaridad de la conducta.

La teoría de Perry

Muchas veces anotamos en un papel o guardamos memorizadas una lista de tareas a realizar, en orden de importancia. Las más urgentes las colocamos de primero o las marcamos de una forma diferente. Las menos importantes o menos prioritarias las colocamos abajo y, claro está, como vale la pena ejecutarlas, se convierten en un medio para postergar las más importantes.

Dice Perry: “mediante esta apropiada estructuración de tareas, el procrastinador se convierte en un ciudadano útil. Es más, puede incluso adquirir, como me ha sucedido a mí, la fama de que hace muchas cosas”.

La idea es que se entienda que el procrastinador no es que no hace absolutamente nada, sino que hace cosas menos relevantes en momentos puntuales. Es más, se puede lograr que haga tareas oportunas e importantes, mientras sean un mecanismo para no hacer las prioritarias.

“El truco es elegir la clase acertada de trabajos para la parte de arriba de la lista. La clase ideal de cosas tiene dos características. Primero, parecen tener un plazo de entrega bien definido (pero, en realidad, no lo tienen). Segundo, parecen tremendamente importantes (pero, en realidad, no lo son)”, sostiene el autor.

Según ese planteamiento, es posible que algunas de esas tareas las echemos al olvido y no las ejecutemos, lo cual quiere decir que, entonces, no eran tan relevantes. Otras podrán aplazarse por un tiempo y, para la mayoría de ellas, habría que comenzar a hacer una buena planificación para llevarlas a cabo en corto plazo.

La propuesta para ser un procrastinador eficiente es ir paso por paso. Para eso es buena idea hacer una lista a largo plazo en ir subdividiendo por grado de dificultad, realizando las tareas más fáciles al principio e ir tachando las que se vayan acometiendo.

Para Perry, eso tiene un efecto psicológico, ya que produce una sensación de éxito, alienta y hace pensar a la persona que no es un flojo sin remedio. Pero, ¿en realidad, funcionará?.

Organizadores verticales Vs organizadores horizontales

Otro de los aspectos interesantes de la teoría de la Procrastinación Eficiente, es que habla de que existen dos tipos de personas. Los organizadores verticales y los organizadores horizontales.

Los verticales son aquellos que acostumbran archivar todo (en gavetas, carpetas, etc.) para utilizarlo cuando lo necesiten. Los horizontales requieren tener todo a la vista (encima de una mesa, un mueble, etc.) donde puedan verlo con facilidad. Para Perry, la mayoría de los procrastinadores son organizadores horizontales.

Según el autor, el mundo está hecho para los organizadores verticales. Todas las herramientas, equipos y artilugios, son diseñados para ese tipo de personas, sin tomar en cuenta que hay otras que necesitan tener acceso inmediato a todo.

Esta hipótesis llama notablemente mi atención, ya que conozco personas así; sin ir muy lejos, tengo una en casa. Sin poder afirmar a ciencia cierta que sea un procrastinador, mi esposo utiliza el método de la organización horizontal: todo sobre la mesa. Razón por la cual tendemos a discutir sobre eso, ya que yo acostumbro guardar todo (aunque luego no lo encuentre).

¿Es un problema de actitud o psicológico?

Como vemos, Perry nos plantea un enfoque diferente del problema y nos dice que no hay que alarmarse, porque, aunque los procrastinadores no son los seres humanos más efectivos del mundo, pueden lograr muchas cosas, dejando que su energía y creatividad fluyan y disfrutando la vida.

En el lado opuesto, hay autores que consideran que esto podría ser algo más que un mal hábito, entre quienes está George Akerlof, economista ganador del premio nobel, quien publicó un ensayo sobre la dinámica de la procrastinación, luego de que descubriera ser víctima de esta práctica. Él dice que se trata de un impulso natural en los seres humanos.

De acuerdo a esta óptica, algunos expertos consideran que esta conducta puede tener varias causas, entre las que se encuentran inseguridad y poca confianza en sí mismo (miedo al fracaso), evasión (evitar hacer algo por temor o porque no resulta placentero), indecisión (dudas si estaría bien o no, hacerlo) o por activación (posponerlo hasta que ya no puedes seguir evitándolo).

Esta última es la causa que identifica más al verdadero procrastinador, preferir algún placer inmediato, aunque no sea el más importante, que uno alejado en el tiempo. Es decir, el impulso a optar por recompensas a corto plazo.

En este sentido, los expertos consideran que cualquiera de ellas puede llevar a serios problemas psicológicos, que afectarían el bienestar físico y emocional de las personas y hasta hablan de varias etapas para esta conducta.

En la primera fase se percibe ansiedad o incomodidad. En la segunda, se trata de aliviar esa sensación, realizando otras tareas que no sean prioritarias. En la tercera, rehusarse al extremo a hacer la tarea. Tanto, que se inventan excusas catalogándola como incómoda o dolorosa y, por tanto, se justifican mentalmente, diciéndose “no era necesario hacerlo hoy”, “no hay problema en hacerlo mañana”, “mañana será otro día”; etc.

Al final, se llega a un estado de remordimiento, que lleva a iniciar de nuevo el proceso, a fin de sentirse menos culpable y productivo.

Advertimos, entonces, que esto va más allá de ser una conducta pasajera y hay que tomárselo seriamente. Incluso, podría verse como un mal, producto de la modernidad y, quizá, más aún, de la tecnología.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Por supuesto, cada persona es diferente y actúa distinto; no existen fórmulas únicas para todos. Lo primero que debemos tener claro es que necesitamos autodisciplinarnos.

Para tales fines, hoy en día existen múltiples herramientas tecnológicas, que nos aportan diferentes modos de planificar nuestras actividades, para un mejor aprovechamiento del tiempo.

De igual forma, los psicólogos, los expertos en desarrollo personal, productividad laboral, coaching, etc; sugieren diversas técnicas que pueden ayudarnos a combatir esa conducta que tantos problemas puede traer.

Una de la recomendada más frecuentemente es la Regla de los Dos Minutos (GTD), la cual se origina en un método de gestión de las actividades y el título del libro de David Allen, Getting Things Done (en español, “Organízate con eficacia”).

La misma establece que si se planifica una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no hay que planificarla, sino hacerla. Los dos minutos pueden extenderse a 5 o 10, dependiendo de la misma; pero si esta regla se vuelve un hábito, no habrá oportunidad de diferir una gran cantidad de tareas.

Frecuentemente nos pasa que, una vez iniciada una actividad, es posible vencer el miedo o la pereza y tomamos impulso para concretar la tarea. Al dar el primer paso, se vence la resistencia y logramos culminar. De allí que la Regla de los Dos Minutos sea una alternativa valedera.

Otro método propuesto es dividir en tareas pequeñas las más grandes, largas o de mayor dificultad. Este método es útil para ir acometiendo actividades en intervalos cortos y de manera más sencilla e ir registrando las ejecutadas, lo cual nos aumenta el ánimo.

Compartir con otras personas los plazos fijados para completar o entregar la actividad que nos hayamos propuesto podría, también, ser eficaz. A veces, un poco de estrés es bueno para poder alcanzar nuestras metas. Y, mejor aún, si logramos conseguir colaboraciones de amigos o familiares que nos ayuden a no salirnos del cauce.

Quizás, una técnica muy recalcada, pero que no está de más recordar, es evitar entretenernos con personas o cosas que nos alejen del objetivo, especialmente las tecnológicas, que hoy en día consumen una buena parte de nuestro tiempo. Es buena idea darnos una pequeña recompensa, una vez terminada la actividad.

Y algo muy importante, conocedores de nosotros mismos y de nuestros hábitos, es conveniente modificarlos o tratar de ajustar nuestras rutinas para ser más productivos. Es decir, como mencionaba anteriormente, disciplinarnos.

En fin, no sé si con estos ejercicios se curará la procrastinación, pero al menos le podremos hacer frente de manera más efectiva y daremos un paso adelante para lograrlo.

Comencemos de inmediato y asumámoslo como nuestro compromiso personal.

Conociendo Bocas del Toro

Continuando con nuestras andanzas por este hermoso país que nos ha abierto las puertas y aprovechando que algunos amigos me han comentado y preguntado sobre algunas fotos que coloqué en mi cuenta de Instagram sobre un lugar increíble que recientemente visitamos, hoy quiero comentarles un poco sobre el mismo.

Definitivamente, Panamá tiene sitios increíbles y para todos los gustos. Desde zonas montañosas con agradable clima, pasando por selvas, bosques y playas espectaculares. Por eso, vale la pena recorrerlo y en eso andamos.

Uno de los sitios más sorprendentes de Panamá es Bocas del Toro, del cual nos habían hablado muchas personas y, aprovechando la visita de nuestro hijo, quien vive fuera de Panamá, decidimos hacer reservaciones y agarrar viaje.

Bocas del Toro es la capital de la provincia panameña del mismo nombre, situada al noroeste del Istmo, en el Mar Caribe y, para llegar allí desde Ciudad de Panamá, se puede optar por ir en avión o por carretera.

Como es un trayecto largo, que tarda aproximadamente 12 horas y no podíamos estar una temporada larga, decidimos hacerlo por vía aérea.

La única aerolínea que vuela hasta allá sale del aeropuerto Marcos Gelabert, en Albrook y son aviones turboélices, cómodos, que transportan alrededor de 50 pasajeros. Tiene dos salidas diarias hacia Bocas y tarda alrededor de 50 minutos el viaje.

Si opta por la vía terrestre, puede hacerlo, también, desde Albrook, pero en el terminal de autobuses ubicado a un lado del centro comercial, llegando hasta el Puerto de Almirante. Allí hay taxis acuáticos que salen cada media hora hacia Bocas.

Otra opción es ir en carro particular y tomar un ferry que sale todas las mañanas desde el mismo puerto y transporta vehículos.

En cuanto a opciones de alojamiento, las posibilidades son muy amplias. Desde hoteles cinco estrellas, hasta posadas económicas se presentan en el archipiélago. Mi recomendación es hacerlo previamente porque hay bastante movimiento de turistas.

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Ecolodge en Carenero

¿Dónde queda?

Bocas del Toro es un archipiélago, que conforma una de las diez provincias de Panamá y su capital es la ciudad del mismo nombre, Bocas del Toro, ubicada en Isla Colón, la cuarta más grande del país.

La provincia limita al norte con el Mar Caribe, al sur con la provincia de Chiriquí, al este y sureste con la comarca Ngäbe-Buglé, al oeste y noroeste con la provincia de Limón (Costa Rica), y al suroeste con la provincia de Puntarenas (Costa Rica).

Tiene una superficie de 4.643 km² y una población de alrededor de 125,461 habitantes. Está dividida en cuatro distritos (Almirante, Bocas del Toro, Changuinola y Chiriquí Grande) y 30 corregimientos.

Su mayor núcleo urbano está ubicado en Isla Colón y su capital es Bocas del Toro, a orillas de la Bahía Almirante, la cual es la de mayor extensión de la provincia, con una superficie de 61 km.

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Ciudad de Bocas del Toro

Tal como les mencioné al principio, es una isla accesible por avión  y por mar desde la ciudad de Almirante, en el distrito de Changuinola. Es la de mayor movimiento turístico, con una amplia oferta hotelera, operadoras turísticas, restaurantes y actividad comercial en general.

Lo que nos cuenta la historia sobre Bocas

Se dice que el primer y más célebre europeo que llegó a Bocas del Toro fue Cristóbal Colón, en 1502, en su cuarto viaje.

A partir de ese momento, durante la época colonial, el territorio formó parte de la gobernación de Veragua y en 1540 pasó a formar parte de la Provincia de Nueva Cartago y Costa Rica. Y fue en 1903, poco después de la separación de Panamá de Colombia, cuando se estableció como provincia de la nueva República de Panamá.

Más recientemente, el 7 de marzo de 1997, la mayor parte del territorio de Bocas del Toro fue asignado a la comarca Ngäbe-Buglé.

Desde el punto de vista económico, en sus inicios, el territorio era una base importante de producción de bananos, con una significativa actividad de exportación a Estados Unidos y Europa, pero por problemas de plagas en los cultivos, tuvieron que mudarlos a tierra firme.

En la actualidad, el archipiélago ha enfocado básicamente su actividad económica al turismo y la pesca.

A ciencia cierta, no se conoce el verdadero origen del nombre de “Bocas del Toro”. Una de las hipótesis es que, cuando Colón llegó a las islas, vio algunas cascadas en forma de bocas de toro. Otra es que cuando llegó a Isla Bastimentos vio una gran roca con forma de toro acostado.

Sin embargo, muchos pobladores afirman que se debe a que el último cacique de la comarca fue conocido como Boka Toro, de allí el nombre. Así que, aún continúa el dilema.

Las alternativas de paseos son muchas

El archipiélago de Bocas del Toro es un hermoso lugar, ya que posee una gran belleza natural y magnífica diversidad biológica. Cuenta con 9 islas principales, 52 cayos y miles de islotes. Posee el primer parque marino de Panamá, el Parque Nacional Marino Isla Bastimentos y una gran variedad de bosques tropicales.

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Inscripción en Isla Bastimentos

Es bueno destacar que sus pobladores son guardianes responsables de la riqueza marina y biológica de la zona y fomentan su cuidado y conservación entre los visitantes.

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Restaurante en Isla Carenero

Las diversas operadoras de turismo ofrecen paseos en botes a las islas visitando al menos tres sitios diferentes en cada viaje, con precios entre $20 y 25 por persona. También hay botes que por $1 o 2, hacen servicio de ida y vuela a las playas más cercanas. Asimismo, existen embarcaciones más caras, como catamaranes o veleros, que ofrecen paseos del día entero con almuerzo incluido.

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Puedes escoger entre la observación de delfines, estrellas de mar, osos perezosos, aves y un sinfín de especies en peligro de extinción; bañarte en aguas cristalinas, tranquilas o con oleaje batiente; hacer snorkel y bucear por hermosos arrecifes coralinos; hacer surf en playas con fuertes olas; explorar playas desiertas; practicar kayac, pescar, caminar por senderos selváticos o, simplemente, tener un tiempo de relax con el sonido del mar en una hermosa playa.

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Increíbles alojamientos

Si algo llama la atención en Bocas del Toro, no sólo es la múltiple oferta de hospedajes, sino el rango de calidad de los mismos. Se puede elegir entre resorts de mucho lujo, hoteles de categoría media, hostales económicos en el pueblo, espectaculares ecolodges en medio del mar o en islas privadas, o cabañas unifamiliares en las playas.

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Playa Caracol Ecolodge

Dependiendo de los gustos particulares de cada quien, podrás escoger entre la soledad y paz absoluta para dormir en una de las islas, o el bullicio y acceso a la actividad comercial del pueblo de Bocas.

No importa lo que elijas, en Bocas podrás pasar unos días maravillosos, relajado, feliz y alejado de la agitada vida citadina.

En Bocas siempre estás de vacaciones

Cuando llegues al pueblo de Bocas no te vayas a asustar porque, a pesar de su apariencia un poco desordenada y, si se quiere, descuidada, es un sitio sorprendente.

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Lo primero que debes saber es que no hace falta arrendar vehículo ni solicitar taxi o bus turístico para conocerla. Caminarla es un paseo que no debes dejar de hacer.

Con su arquitectura típica de las islas caribeñas, su gran cantidad de bares, hoteles y restaurantes y la gran diversidad multicultural entre sus habitantes de ascendencia antillana, latina, indígena y extranjeros provenientes de distintas partes del mundo conviviendo en perfecta armonía, se crea un entorno bohemio, relajado y alegre, tan placentero y diferente al ambiente de la ciudad, que no quieres que se acaben las vacaciones.

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Hay que tomar en cuenta que, aparte de los paseos a las islas, el municipio no ofrece gran diversidad de atracciones; sin embargo, la actitud despreocupada y tranquila de su gente, invitan a recorrer la ciudad y contagiarse de la misma y a disfrutar al máximo el caribe panameño.

Así que, si te gusta la playa, comienza a hacer las maletas y no te olvides llevar mucho protector solar porque el astro rey es inclemente en esta parte del Istmo.

Los libros: ¿entre lo sensorial y lo utilitario?

     La experiencia de tener un libro en la mano no la cambio por una tablet. Esa ha sido la respuesta que muchos amigos y familiares me han manifestado, producto de una pequeña encuesta que hice para abordar el presente escrito.

     Y es que, un artículo de @MoisesNaim, de su libro “Repensando el Mundo”, donde planteaba que los libros electrónicos se habían vendido más que los impresos, me alimentó la intriga por saber si, en realidad, la tecnología estaba suplantando el placer sensorial de un libro. 

   El artículo “Se venden más libros electrónicos que en papel” (2010), menciona que Amazon.com, la mayor librería del mundo, anunciaba que ese año, en los últimos tres meses, se habían vendido más libros electrónicos que impresos, por lo que Naim pronosticaba que en el futuro, para los niños, será normal utilizar los libros electrónicos y poco común los de papel.

     Como ese es un debate que se viene planteando desde hace tiempo, mi curiosidad periodística me indujo a investigar más sobre el tema y me di a la tarea de preguntarles a algunos amigos y familiares qué formato preferían, si papel o digital y por qué.

     La encuesta se la realicé a alrededor de 60 personas, entre los que estaban incluidos jóvenes, personas de edad media y tercera edad y, para sorpresa mía, sólo dos fueron categóricos en decir que preferían los libros electrónicos, sin ningún tipo de culpa.

     Aunque, por supuesto, no es una muestra representativa para una investigación científica, mi idea era tener una apreciación de si, como decía Naim, eso seguía teniendo vigencia y, como podrán imaginar, la encuesta me cambió la percepción del tema.

Cifras controvertidas

     En los últimos años se ha hablado mucho de que los e-books sustituirán a los de papel.  De hecho, Nicholas Negroponte, fundador del MIT Media Lab, el laboratorio de diseño y nuevos medios del MIT, en una predicción bastante audaz, dijo que para el 2016 ya el libro impreso habría desaparecido, debido al auge que tuvieron las ventas de los mismos entre los años 2010 y 2011.

     Si bien es cierto que las nuevas tecnologías de información y comunicación han cambiado sustancialmente nuestra forma de vida y que los formatos digitales se han ido imponiendo a los convencionales en muchas áreas, es una polémica que irá para largo, ya que lo impreso aún no sucumbe ante lo tecnológico.

     Según el artículo de BBC Mundo ¿Mató la teconología al libro o le dio nueva vida?, en el Reino Unido, hubo un gasto aproximado de US$2.650 millones en libros impresos el año 2014, en comparación con US$613 millones en libros electrónicos, señala Scott Morton, de Nielsen Book Research.Por

     En otro artículo publicado por LaVanguardia.com La resistencia del libro en papel, se habla de que la venta de libros digitales está creciendo lentamente en el mercado estadounidense. En el primer semestre del 2015 la cifra había  alcanzado el 23%, pero bajó en el último cuatrimestre hasta el 21%, según informe de Nielsen Books & Consumers, publicado por la revista Publisher Weekly. Mientras que el libro impreso de tapa blanda subió del 42% al 43% en el mismo período y la tapa dura llegó al 25%.

   El mismo artículo refiere que en España, el 80,1% de lectores de entre 18 y 24 años prefiere el libro en papel. En Gran Bretaña, el 73% de los británicos de entre 16 y 24 años lee en papel y en EE.UU, sólo el 20% de adolescentes de entre 13 y 17 años compra libros digitales.

     Asimismo, según una publicación del New York Times, del año 2015, The Plot Twist: E-Book Sales Slip, and Print Is Far From Dead las ventas de libros electrónicos cayeron un 10% en los primeros cinco meses de ese año, según cifras de la Asociación de Autores de Estados Unidos y completa el diario que las señales muestran que muchos lectores de libros electrónicos están regresando a los libros impresos o se están convirtiendo en ‘lectores ‘híbridos’, que mezclan ambos formatos.

¿Tendrán razón Negroponte y Naim?

     Hay muchas personas que opinan igual que el director del fundador del MIT Media Lab, que la tecnología irá paulatinamente absorbiendo de tal manera nuestras vidas, que muchas de las tareas serán realizadas por robots. Ya lo estamos viendo en muchas áreas, incluso en la medicina.

     Somos testigos, sin lugar a dudas, de la evolución que ha habido en este sentido. De hecho, sin ser “nativos digitales”, como llaman a la generación que nació bajo el paraguas de la tecnología, muchos de nosotros hemos emigrado de los medios de comunicación impresos a los digitales.

     Las razones son múltiples y dependen de cada persona, país y circunstancia, pero “sin querer queriendo”, hemos sustituido el papel por la pantalla.

     Incluso, aún bajo signos de rebeldía (todavía recuerdo lo mucho que peleó mi esposo conmigo para que aprendiera a usarlas), nos acostumbramos a utilizar las herramientas tecnológicas en nuestras diferentes actividades diarias, tales como escribir o tomar notas en una computadora o teléfonos inteligentes en vez de utilizar papel y lápiz, por hablar de lo más sencillo.

¿Bits o tinta?

     En mi investigación para abordar el tema, conseguí información interesante, muy valiosa y controversial, donde los criterios variaban desde la necesaria permanencia del libro impreso hasta la indiscutible metamorfosis de ambos formatos, pasando por lo humorístico y lo reflexivo.

     Entre otros artículos, es llamativo el comunicado emitido por la Unesco con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, en abril del 2012, en el cual, Irina Bokova, directora general del organismo, hacía un llamado de atención sobre el tema:

   《”El libro no es inmune a un mundo cambiante, caracterizado por la llegada de los formatos digitales y la transición hacia las licencias abiertas para el intercambio de conocimientos. Esto supone mayor incertidumbre, pero también nuevas oportunidades, en particular para los modelos empresariales innovadores en el mundo editorial. Este cambio está planteando profundos interrogantes sobre la definición del libro y el significado de la autoría en la era digital》

     Y, por otro lado, Alan Lazalde, en su artículo Libros físicos, ¿aún vale la pena tenerlos? nos hace analizar de forma simbólica y en tono divertido, sobre la trascendencia de ambos formatos:

  《El libro impreso en papel es un dispositivo de almacenamiento de sólo lectura. Podríamos decir que esta creación de Gutenberg es la versión 1.0, estable, de algo en lenta evolución, a medio camino entre los muros en la cuevas, las tablas de arcilla y el más reciente Kindle Touch. El libro es el recipiente de objetos que llamamos “novela”, “cuento”, “ensayo” o “poesía”. El libro es memoria y nosotros su CPU

     Es decir, para ambos, está en trance una interesante e importante transformación del libro impreso, a fin de adaptarlo a los nuevos intereses y gustos de los lectores. Pero también del digital, para lograr una importante identificación de lo tradicional con lo moderno. Pienso que ese es el reto.

¿Romanticismo o practicidad?

     Como les mencionaba al inicio, a muchos de mis encuestados les gusta más leer en una presentación impresa que una digital. Lo cual, dada la época actual, es una novedad, sobre todo en las generaciones más jóvenes.

     Sin embargo, también, la mayoría confiesa utilizar ambos formatos, dependiendo del tipo de lectura, de la necesidad, o de las condiciones físico–ambientales en las que se encuentren en el momento.

     No voy a extenderme en las ventajas y desventajas de uno sobre otro porque ya muchos las conocen y dependen del gusto de cada quien, no obstante, si deseo mencionar algunas de las razones que me dieron esas personas para justificar sus gustos.

     Los que prefieren el formato digital, consideran que es mucho más cómodo cargar una tablet o un e-reader por el tamaño y (en algunos casos) la dimensión y peso del libro que están leyendo.

     Segundo, la falta de espacio en las viviendas modernas hace necesario suprimir las bibliotecas, mientras que con los dispositivos electrónicos se puede almacenar una gran cantidad de libros y documentos de consulta.

     Tercero, la tecnología permite una amplia diversidad de aplicaciones y elementos para hacer más atractivos, de mejor visualización y de accesibilidad inmediata a otros recursos (hipertextos, fotos, videos, etc.).

     En el lado opuesto, los incondicionales de los libros físicos, plantean que estos les permiten, primeramente, escribir al margen de las hojas, tomar notas y resaltar párrafos interesantes.

     Segundo, retomar la lectura cuando lo deseen, sin tener que prender el dispositivo, esperar que se cargue el documento y/o conectarlo a la corriente.

     El factor salud es un inconveniente al que se refieren, ya que el brillo de la pantalla les molesta y, a la larga, les ocasiona problemas visuales.

     Pero, lo más interesante, es el aspecto emocional y sensorial con el cual se identifican, “la experiencia de oler y sentir sus hojas en las manos, es una sensación que no la trasmite ningún dispositivo electrónico”.

     En conclusión, creo que al libro impreso aún le queda mucho tiempo de vida. Al menos, así será mientras existan románticos y sensibles como yo.

Pareciera que cuesta mucho ser honestos

     Estamos viendo, con más frecuencia de lo acostumbrado, a personas que les gusta pasárselas de vivos y hasta hacemos chistes de ello. Es más, en muchos de nuestros países, nos parece de gran orgullo que nos tilden de vivarachos y pensamos que así somos los latinoamericanos, que esa es nuestra cultura e idiosincrasia.

     Pero, en realidad, ¿es eso lo correcto? 

     Hace algunos días leí en un diario brasileño un artículo donde contaban una historia que me gustó mucho. Se las reproduzco tal cual, para que también la disfruten:

     El profesor brasileño João Alberto Guimarães, en un intercambio en Suecia, entró en una estación del metro de Estocolmo. Allí notó que había, entre los tornos electrónicos de acceso al andén, uno que daba paso libre gratuito. Entonces le preguntó a la vendedora de tiquetes el porqué de aquel torno, permanentemente libre para pasar y sin ningún agente de seguridad en las cercanías. La dama, entonces, le explicó que ese paso estaba destinado a las personas que; por cualquier motivo, no tuviesen dinero para pagar su pasaje.

     Incrédulo, acostumbrado a la manera brasilera de pensar, no pudo evitar hacerle la pregunta que, para él era obvia:

– ¿Y si la persona tuviese dinero, pero simplemente no quisiese pagar?

     La vendedora entrecerró sus límpidos ojos azules y con una sonrisa de pureza sobrecogedora, le respondió:

– Pero, ¿por qué ella haría eso?

     Sin poder acertar una respuesta, el profesor pagó su pasaje y pasó por el torno normal, junto con la multitud que también había pagado por sus tiquetes.

     El paso libre continuó vacío.

      Ahora, ustedes dirán (tal como pensé yo), es cuestión de cultura y sí, es cierto. En muchos países la honradez parece que forma parte de su cultura y yo me pregunto, ¿por qué no podemos ser todos así?

     Pero, ¿saben qué?, más que un legado cultural, considero que es falta de valores y, tan es así, que, en líneas generales, nuestros países latinoamericanos figuran entre los primeros en corrupción. Lamentable ¿no?

     Sin embargo, ya sé que no deberíamos generalizar, porque no todas las personas son deshonestas, pero es que en los últimos tiempos vemos que pareciera una práctica común eso de ir por la vida cometiendo fechorías.

     Y no me refiero sólo a los que vivimos de este lado del mundo, porque en otros continentes también existen muchos pillos, pero por ser nuestra región, conocemos más de cerca lo que ocurre.

   Seamos honestos con nosotros mismos

     Tal vez si preguntamos a la gente si se considera honesta, la mayoría diga: ¡claro! No robo, ni mato, y siempre digo la verdad; pero ¿será cierto al 100 %? ¿Seguro que nunca han dicho una mentira?, ¿aunque sea de esas que catalogamos como mentiras piadosas?

     La honestidad no es un estado momentáneo, ni una cualidad acomodaticia que la asumo cuando me conviene y para otras cosas es irrelevante. No es decir una “mentirita blanca” para quedar bien con alguien o parecer importante. Decía Albert Einstein, quien no se tome la verdad en serio en asuntos pequeños, no puede ser confiable en asuntos grandes tampoco.

     Según la RAE, la palabra honestidad se refiere a aquel que es decente, decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, recto, probo y honrado. Es decir, no apunta sólo a ser sincero, sino a ser congruente con las palabras y las acciones.

     El dicho “una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace” no aplica cuando nos referimos a la honestidad.

     Más allá de aceptar algo que uno ha dicho, hecho o dejado de hacer, es esa voz interna que nos dice lo que es correcto o incorrecto, lo que está bien o lo que está mal y cómo debemos conducirnos.

     Si decimos ser honestos, pero mentimos, aunque sea en cosas triviales o, supuestamente insignificantes, por aparentar ser mejores o más importantes que los demás, ya estamos fallando en esa cualidad y sembramos desconfianza en las personas.

     Aquel que engaña, exagera o presume, no es honesto consigo mismo ni con los otros y es motivo frecuente para que la gente lo aparte y/o lo evite. La honestidad implica ser auténtico, genuino e íntegro en todo momento, ocasión y circunstancia. Lo cual quiere decir que hay que tener muy sólido ese valor moral, de manera que nada nos permita quebrantarlo.

Competencia profesional

     En nuestras rutinas laborales, frecuentemente observamos conductas que dejan mucho que desear cuando se trata de ciertos principios, como la honestidad. Nos topamos y, a veces, nosotros mismos actuamos, impulsados con espíritu de competencia. No es que ello sea malo per se, sino que depende de cómo orientemos nuestras acciones.

     Toda persona que actúe de forma negativa con el fin de lograr lo que ansía, sin importar a quien dañe, está faltando a los fundamentos morales de la sociedad y la empresa donde trabaje.

     Dentro de la cultura de cada país, los valores guían las formas ideales de coexistencia. Son los principios y normas de comportamiento por las que cada ciudadano debe conducirse. Por eso, cuando decimos “es parte de su cultura “, nos basamos en formas de proceder ejemplares.

     De allí que parezca contradictorio alardear de ser o enseñar a ser “buenos gerentes”, a personas embusteras, irresponsables, deshonestas y a quienes violan otros tipos de normas de conducta.

     Es cierto que para ser un buen director se requiere tener conocimientos y habilidades en las tareas que desempeña, pero primero debe ser responsable, respetuoso, honesto y honrado. La cualidad fundamental de un líder es tener valores morales arraigados porque, a partir de ellos, se tomarán las decisiones correctas.

     También tenemos que hacer mención de aquellos colegas que podemos tener en nuestros lugares de trabajo, a quienes no les importa valerse de cualquier artimaña para lograr sus objetivos, sin el mayor temor al perjuicio que pueden ocasionar.

La corrupción como forma de vida

     Si bien es cierto que la corrupción no es una modalidad novedosa de actuar, pareciera que en los últimos tiempos se ha extendido en todas las formas y países.

     La descomposición social ha crecido aceleradamente y tal parece que las autoridades que deben velar por ello, hacen caso omiso a las denuncias que puedan hacer los ciudadanos honestos.

     Todos los días oímos hablar o leemos de nuevos casos de corrupción, en los que están involucradas personas de altos niveles socioeconómicos y hasta con grandes títulos académicos o cargos importantes. Antes se les llamaba “ladrones de cuello blanco”, ahora esos cuellos pueden ser de cualquier color, tipo y tamaño.

     Estamos en una etapa tal de degeneración, en la que muchos se aferran a los bienes materiales que poseen, que hacen lo que sea por mantenerlos, incluso hasta cometer graves delitos.

     Y aquí volvemos a lo que nos referíamos antes, a esas personas con mucho título académico y que han escalado posiciones a fuerza de engaños, sobornos, mentiras o prebendas. Esos “gerentes” o “líderes” con ausencia total de valores morales, que hacen lo imposible por conservar posiciones, aún a costa de llevarse al que sea por delante.

¿Será, entonces, que cuesta mucho ser honestos?

     Cuando nos preguntan cuáles son las cualidades que nos gustan de una persona, con seguridad, siempre mencionamos la honestidad porque nos certifica la sinceridad, confianza, lealtad, probidad y responsabilidad; es decir, nos garantiza la integridad de esa persona.

     Cuando somos honestos, somos transparentes en nuestra forma de ser y vivir. Sin embargo, hay personas que con la etiqueta “soy sincero(a)”, sueltan las palabras sin pensar en el daño que pueden hacer y creen que por eso son honestos.

     Si bien es cierto que la sinceridad es un requisito fundamental en las relaciones humanas y sociales, una persona que respete a sus congéneres, debe ser tolerante y dirigirse a ellos de forma cortés, amable y educada. Ello garantiza una convivencia pacífica y de verdadera apertura.

     Pienso que la mayoría, lo que deberíamos buscar en el camino de nuestra vida, sin aspirar a querer ser perfectos en todo lo que hacemos, es demostrar que, realmente, somos honrados, leales, fiables, dignos de confianza, íntegros; y que se nos retribuya en algo esa rectitud con la que actuamos.

     Como bien lo decía Benjamín Franklin: “la honradez reconocida es el más seguro de los juramentos”. Si verdaderamente lo somos, podemos dormir tranquilos.

     Ojalá y todos pensáramos así.